El Ser Humano: una escultura labrada con Perseverancia y Fe

Metáforas y más metáforas son las que me han acompañado a lo largo de mi vida, unas veces las recuerdo, otras se quedan perdidas en el “cajón del olvido”. En este momento, tengo en mis oídos la música alusiva a la época navideña (diciembre 2012), quizás con el ánimo de envolverme en mis propias y más profundas cavilaciones… Sin embargo, es solo una forma de oír sin escuchar porque mis pensamientos van más allá de incentivarlos por medio de música. Estoy escribiendo ahora, como una forma de desechar lo que me lastimo en este año que termina, pero también como una forma de guardar conmigo lo más preciado del 2012.

He decidido emprender nuevas aventuras para este 2013, una de ellas es está: desempolvar y edificar nuevamente… Desempolvar los sentimientos que quise enterrar por temor y, edificar con las experiencias que ahora poseo y que han hecho hoy, más segura mi seguridad. Suena redundantemente caótico pero así ha sido… he reído y  he llorado… he creído y he dudado… he anhelado y he desfallecido… he confiado y he desesperado… he hablado y he susurrado… he oído y he escuchado… he cantado y he callado… he sido yo y también he dejado de ser yo… y es aquí, donde adentrándome en la penosa sinceridad de mi alma me pregunto ¿Cómo un humano puede ser muchas veces su propia negación? ¿Qué lógica tiene la ilógica manera de pensar y sentir de un hombre? ¿Por qué a pesar de todo… seguimos aquí? Y con el aquí me refiero a el aquí, desde tu lugar, desde el lugar de él, de ella, de ellos, de ustedes, de nosotros… desde mi propio lugar ¿Por qué seguimos allí?

Subjetivamente (un concepto que hasta hace poco lo creía erróneamente sinónimo de egoísmo), me planteare una hipótesis (que desde el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua lo tomaré también como sinónimo de tesis): el humano permanece de manera perseverante en la lucha en esta vida pasajera (como diría una muy buena amiga mía) porque ha encontrado una meta y esa meta sea cual sea, puede ser desde el punto más pesimista posible y mostrando la condición humana más denigrante: la muerte propia por mano propia (“suicidio”); o bien, fijarse como meta ser el abogado mejor pagado del país, el mejor rostro del año en la revista People, el mejor demagogo de la nación, el mejor deportista del país, el mejor astronauta del mundo, el mejor Sacerdote, el mejor Pastor, la mejor hija, el mejor padre o madre de familia, el mejor estudiante del colegio, en fin… muchas metas que nuestro subconsciente fija para nuestra identidad social o en el sentido trascendental de nuestra esencia: para nuestra propia identidad personal y espiritual, buscando diariamente la Santidad desde Su Lugar… le ha hecho brillar las pupilas del alma para bien o para mal, y se ha empeñado por alcanzar su meta.

He aquí pues, la palabra clave que se va encaminando a una construcción monosílaba  que encierra una verdadera vida en Santidad desde el punto de vista cristiano (y por el cual me inclino personalmente, no así obligando a nadie a seguir mi punto de vista): la Fe. Dicho de otro modo y citando la Santa Biblia Católica, en Romanos 8:24-25: “Porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza; y es claro que la esperanza que se ve no es propiamente esperanza, pues ¿quién espera lo que tiene ante los ojos? Pero si esperamos lo que no vemos, estamos aguardando con perseverancia”; perseverancia es pues la palabra clave de la Fe. Es así como la perseverancia se convierte en ese martillo que día a día golpea sobre un juguetón cincel hasta labrar una hermosa escultura. Y haciendo uso de una construcción metafórica, uno cada palabra de la frase anterior  para puntualizar que cada hombre es una escultura tallada con un cincel que carga en su estructura el aprendizaje de los infortunios y alegrías de su ciclo de vida… este cincel es (para mí) llamado Fe; por otro lado, la perseverancia es esa presión ejercida sobre la Fe. Y es entonces cuando estas herramientas convierten al hombre en una escultura abstracta, existencialista, contemporánea o realista. Depende cuán grande sea nuestra perseverancia en cada circunstancia de nuestra existencia, así será determinado el golpe sobre el cincel, y por consiguiente la escultura resultante. La complejidad de las formas, el modelado, ensamblaje de curvas y líneas, misticismo, expresividad, musculatura, dramatismo o la evolución de tendencias reflejan en la escultura, que da vida a cada hombre (metafóricamente hablando), todas las batallas espirituales, personales y sociales que tuvo que librar en el entorno en el cual su vida tuvo su nacimiento y ocaso.

Es pues momento de tallar la escultura que mejor represente lo que queremos ser. Y este sea, muy probablemente, la mejor manera de encontrarnos con los demás y re-encontrarnos con nosotros mismos.

Tenemos sobre nuestros hombros la tarea de librar la buena batalla, retarnos, enseñarnos, confiarnos, y haciendo alusión a la magnificencia que he encontrado en la explicación de Gabriel Zanotti en su ensayo El Fundamento Último de la Esperanza Humana (Buenos Aires, 1999) de dos palabras: Comunión (Común-Unión) y Dar-nos. De quién también tomo la definición de sociedad humana, escrita en su primera obra a sus escasos 20 años (Introducción a la Escuela Austríaca de Economía, Buenos Aires 1891) como “la expresión de los seres humanos entre sí bajo el signo de la división del trabajo, voluntaria y pacífica (estos adjetivos se aplican al término cooperación). Voluntaria porque es humana, y acción humana es acción deliberada; voluntario deseo de llegar a una mejor situación. Y pacífica porque la cooperación implica paz; la guerra atenta contra la esencia de la sociedad”. Es así como la sociedad humana es la sublime expresión celestial (y artística, tomando el ejemplo de la escultura) de la común-unión de la libertad de cada ser humano que lo lleva a dar-se a sus semejantes (tomando la concepción del Mandamiento de la Ley de Dios: Ama a tu prójimo como a ti mismo).

Y después de una intercalación entre la primera persona del plural y singular, y en algunas ocasiones de la segunda persona del singular, deseo finalizar con una pregunta: ¿Quién eres tú? Quizás sea momento de examinar como estamos labrándonos y, buscar el motivo de nuestra existencia.

Por mi parte, he iniciado un nuevo año en el cual la incertidumbre me hace temblar, más sin embargo, este año representa una nueva batalla en la cual me imagino como aquellos caballeros medievales cabalgando sobre sus hermosos garañones andaluces emigrando a la cruenta lucha armados con arcos, espadas, lanzas, corazas entramadas de acero inoxidable con la sangre vibrante de jovialidad, con la mente ceñida con un solo sueño: morir por la patria o vivir en ella en Libertad. Con un cuerpo listo, ejercitado y disciplinado para el enfrentamiento físico, y la garganta lista para gritar “Victoria”.

La preparación para cada batalla supone sacrificio y perseverancia, llega el momento en el cual hasta mi cuerpo ha luchado con mi mente y corazón, la racionalidad ha luchado contra lo que me ha debido mantener en pie: la Fe. Quizás esta sea una de las luchas que más nos define (en mi caso, ha sido lo que me ha hecho encontrarme con los demás y por consiguiente conmigo misma; porque en la batalla medieval era un ejército el que luchaba, eran almas que sufrían por una misma causa, eran un conjunto, una sociedad, y no un elemento por separado).

Muchas veces he pensado (quizás erróneamente) que estamos ante oleadas ideológicas que nos llevan al mar donde todos se ahogan, donde sencillamente nos convertimos en parte del cardumen de peces, y no hay más remedio que “seguir la corriente” o morir siendo la comidilla de águilas. Sin embargo, ¿Quién eres tú… para ser devorado por las aves? O ¿Quién eres tú… para ser parte del cardumen que tarde o temprano igualmente será devorado por las aves? Es aquí donde la perseverancia golpea tu cincel y comienza el re-nacimiento existencial de tu propio yo. Tu lucha por responder ¿Quién soy yo?, es lo que te hará saber si debes esperar o lanzarte al mar, porque hasta entonces, te conocerás a ti mismo, sabrás cuales son tus dones (como sugerencia personal, lee Mateo 25:14-30) y también tus debilidades (que pueden convertirse en tus fortalezas).

Empieza pues un nuevo año, donde la perseverancia es el inicio para que nuestra Fe nos mantenga en pie. Descubre tu semilla, riega tu tronco para que crezcas frondoso y lleno de vida, poda las ramas que se desvían, abre tus flores a los gorrioncillos, estrecha a las palomas en tus ramas, y cuando seas viejo, dona-te a la naturaleza para que ella misma te recuerde por tu vocación de encuentro con los demás.

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One comment

  1. Stefy B. · February 11, 2013

    Felicidades por animarte a escribir!
    Espero con ansias tus próximas publicaciones!

    “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es un hábito.” -Aristóteles

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