UNA REALIDAD DONDE LAS IDEOLOGIAS NO TIENEN CABIDA

Preguntas sin respuesta conceptualmente moderna… Respuestas sin preguntas racionalmente estudiadas… Hombres de maíz, de frijol, de café, de trabajo, de comal, de teja, de tejidos, de artesanías…  de Cristo.

Recuerdo indeleblemente la respuesta a una pregunta que le hice a un muy buen amigo sobre que pensaba de la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, y el pensamiento keynesiano… Absolutamente no podré olvidar su respuesta y es que posteriormente me encontraría con lo que hoy me enfrenta a mi misma, o específicamente debería decir: a una convicción que creía ya, fortaleza en mi vida.

Hoy  una realidad ha rasgado la coraza que defendía mi convicción acerca de Libertad y la seguridad que poseía acerca de este derecho natural e inalienable para la condición humana. La ha rasgado entonces, quizás porque no era tan fuerte, y es momento de solidificar mis creencias y formarme una identidad de vida verdadera y sin lugar a las dudas… que en manera metafórica representa a mis convicciones como un vaso que aún es de barro mal cocido, tal como Francisco de Osuna escribió basándose en las Santas Escrituras y que ha de ser una cita lo bastante dura para conmigo misma: “Cosa notoria es que en el vaso quebrado y que cada pedazo tiene por sí, no ponemos licor alguno, y del todo lo juzgamos inútil para guardar en sí alguna cosa; tienes tu corazón diviso en tantas partes cuantos cuidados tienes; cada cogitación lleva su pedazo, y ¿piensas que Dios ha de poner su gracia en vaso tan inútil? Pregúntalo al Sabio, que dice (Eclesiástico 21; 17): El corazón del loco es como vaso quebrado, que no puede contener toda sabiduría” (Osuna, Tercer abecedario espiritual: 1527[1])

Enclavándome en la realidad de las comunidades de Salamá, pude darme cuenta que racionalmente estoy sumergida en la lucha de ideologías, buscando “elegir (otro concepto económico) la mejor opción que vaya acorde a mis principios morales, espirituales y emocionales”.  Es cuando en esta semana (vacaciones de Semana Santa) las palabras sabias del entonces Papa Benedicto XVI han resonado insistentemente en mi memoria: “No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente…[2]¡Cuán sabio eres Joseph Ratzinger!

Y después de esta revelación, también me reservo el derecho de realizar una nueva entrada en la que rectificaré o reafirmaré lo que hoy es tan confuso comprender: el tema de Libertad.

Esta semana fue quizás la que necesitaba para tomar las riendas de mis convicciones, desechar las que no son útiles para una realidad latente, y cimentar o quizás decirlo así: enraízar las que deben ser reformadoras en mi vida.

La respuesta de mi buen amigo en aquel entonces fue:

–          Usted podrá inclinarse hacia el pensamiento austríaco, otros podrán creer en el monetarismo, y muchos otros se declararán keynesianos… yo por mi parte solo puedo decirle: Soy Cristiano.

Y bien, al haber conversado con algunas personas que han nacido en Rabinal y San Jerónimo (lugares a los que tuve la dicha de conocer más a profundidad), las dudas me han puesto entre la espada y la pared.  Antes que todo quiero puntualizar que estoy sumamente impresionada con el trabajo incesante de todas las personas a las que conocí, hablé o simplemente vi. Es realmente inspiradora la fuerza de sus corazones, unos corazones inocentes que nos donan su alma en cada tejido, cerámica, con la venta de sus flores, frutas o verduras en el mercado, y todo aquello que nos permitan el solo escucharles.

Así fue… inicie una conversación con una mujer que día a día sus manos amasan el barro con el que magnánimamente le da forma hasta convertirla en una hermosa obra de arte: un jarrón. Ella es nativa de Rabinal, Baja Verapaz; su nombre Marta, “Doña Marta”. Entablamos una conversación que me ha parecido una de las más profundas que he tenido a lo largo de mi vida, y la cual se trato de Libertad. Me sorprendió tanto lo que ella entiende por Libertad, que fue formando en mi mente la necesidad de titular esta entrada como lo hice.

Las reminiscencias de las palabras de mi amigo; lo dicho por Joseph Ratzinger; lo que he leído acerca de Libertad, Economía, Religión y Gobierno (que he de declarar, es poco para la necesidad que arrebata mi espíritu en este momento); y, lo que he leído de Tercer Abecedario Espiritual, vinieron a mi cabeza tal como una cinta cinematográfica haciendo links y des-links conmigo misma.

“Doña Marta” me platico de la siguiente manera:

  •  “Pues… mmm… Libertad, como tal… pues… eeeh… Yo tengo libertad de caminar de aquí pa’ lla, aunque no muy de noche por tanto marero. Tengo libertad de hacer mis jarros, tengo libertad de pensar.”

Yo le insistí y traté de inducirla (erróneamente) a lo que yo quería escuchar.

  •  Yo: – Si, lo entiendo. Aunque ¿qué piensa sobre nuestra actualidad? Debe existir mucha más libertad que antes. Antes con el Conflicto Armado, Guatemala sufrió. Pero ahora pienso que debe existir más libertad, ¿no le parece?
  •  Doña Marta: – Hay Seño, el conflicto armado fue un tiempo que en nuestros pueblos se quisiera olvidar, pero aún esta en nuestros abuelitos. Aunque puedo decirle que Ríos Mont fue una mala pasada, mis papás cuentan que cuando yo nací gobernaba el General Jorge Ubico y todo era más tranquilo, en ese entonces había libertad.

Fue en ese momento cuando recordé algo más, James M. Buchanan en Los Límites de la Libertad[3] hace una reflexión sobre el tema del gobierno, principalmente; y trata sobre un tema interesante que inició mi búsqueda a lo que él cita por muchas ocasiones, el Contractualismo. Esto me llevo a encontrar a Thomas Hobbes, quién es mencionado también varias veces en las primeras páginas del libro de James Buchanan (digo primeras porque aún no termino de leerlo), y que por lo tanto, decidí investigar acerca de su libro el Leviatán.

 Thomas Hobbes escribió algo que escuchando las palabras de Doña Marta con respecto a Jorge Ubico; que para mí fue una dictadura militar acaecida en Guatemala con aspectos negativos y positivos, pero que no puede esconderse que privo a los guatemaltecos de su derecho natural de Libertad; sus palabras se hacen totalmente ciertas en la experiencia de Doña Marta. Y sin más preliminares, citó: Tiranía y oligarquía no son sino nombres distintos de monarquía y aristocracia. Existen otras denominaciones de gobierno, en las historias y libros de política: tales son, por ejemplo, la tiranía y la oligarquía. Pero estos no son nombres de otras formas de gobierno, sino de las mismas formas mal interpretadas. En efecto, quienes están descontentos bajo la monarquía la denominan tiranía; a quienes les desagrada la aristocracia la llaman oligarquía; igualmente, quienes se encuentran agraviados bajo una democracia la llaman anarquía, que significa falta de gobierno.” (Hobbes, Leviatán: 1651)

 ¿Será que yo le llamo dictadura porque no estoy de acuerdo con ese tipo de gobierno autoritario? ¿Es sólo lo que quiero creer, sin dar cabida a la opinión de los demás… y aun así pido respeto por el derecho natural de Libertad.

¿Cómo Doña Marta pudo haberme dicho esto? ¿Más libertad con una dictadura militar? No sé si el problema es lo que reclamo internamente y ahora lo hago público, cuánta falta hace la educación, y el encuentro con el interior propio por medio de la Filosofía… o ¿Cuál es la razón?

Hoy, solo soy un cúmulo de dudas que intento socavarlas por medio de pláticas con gente real y la lectura de buenos libros. Estoy segura que estas dudas, mañana serán solo recuerdos pero mientras ese momento llega, estoy escribiendo esto para cimentar convicciones, y no dejar que estas dudas se queden divagando en mi alma, sin una respuesta.

Volviendo a la conversación que sostuve con Doña Marta:

  •             Yo: – ¿Por qué dice que con el General Ubico hubo más libertad?
  • Doña Marta: -Porque antes los patojos no podían estar de vagos, porque los soldados se los llevaban a prestar servicio civil. Mis papas dicen que en ese tiempo, los patojos si eran buenos trabajadores, porque no andaban en maras ni eran ladrones como ahora. Uno podía salir de su casa, y dejar la puerta abierta, que los soldados llegaban y la cerraban ellos mismos, y nada pasaba. Tenían libertad de salir al mercado con el monedero “suelto” (a la vista de cualquiera) que no se lo robaban, ahora mire, nada de eso. Había más libertad para salir y más libertad para regresar vivo a su casa. No como ahora.
  •  Yo: -¿Entonces quisiera que regresarán esos tiempos?
  • Doña Marta: Si. Había más posibilidades, porque el gobierno le daba a la gente lo que necesitaba.

Después de esta conversación, ella continúo haciendo su labor con el barro y yo muy probablemente hui de lo que estaba escuchando, no sin antes despedirme… Fue una revolución completa en mi mente, sentí como me arrancaba cada palabra de Doña Marta y las reminiscencias de lo que había leído mezcladas, mi convicción sobre Libertad. Las dudas empezaron a aflorar.

¿Qué es Libertad? ¿Acaso no vivimos en un estado de libertad? ¿Qué son las dictaduras y la Libertad que papel o que “pantomima” juega en ellas? ¿Qué papel debe jugar el gobierno? ¿Es la Libertad un concepto utópico? ¿Qué es Libertad para la gente que no tiene el regalo de asistir a una Universidad? ¿Soy amante del espejismo al creer que la Libertad existe? ¿Soy hereje al tratar de mezclar y buscar en las Sagradas Escrituras conceptos económicos que soporten lo que “creo” tanto económica, social como espiritualmente? Preguntas sin respuestas que me calan la vida, más aún, quiero creer que encontraré más temprano que tarde, la respuesta.

Sólo puedo estar segura de algo:

Las personas de los pueblos como Rabinal, San Jerónimo, Aldeas de Salamá, San Miguel Chicaj y muchos más, solo escuchan en sus radios (esto si tienen luz eléctrica, aunque el ingenio es impresionante en estas situaciones) o leen en periódicos atrasados (esto si saben leer): que el tipo de cambio subió por la inflación… que el gobierno lanza a licitaciones obras públicas… que la crisis en España esta afectando la economía mundial… que la globalización y el cambio climático… el socialismo de corea del norte, el comunismo de Cuba, el capitalismo de EEUU… etcétera, etcétera, etcétera.

Y ellos… simplemente continúan con su vida diaria, vendiendo en el mercado local, tejiendo, labrando la tierra, unciendo su yunta de bueyes, alimentando a sus gallinas que ponen huevos que venden a sus vecinos, etcétera, etcétera, etcétera. Y no puedo culparlos de hacerse los sordos a los problemas, estoy siendo atrevida al escribir esto pero estoy segura que ellos no entienden de ideologías y simplemente siguen lo que la mayoría sigue (comandados por alguien que si sabe lo que hace y dice), pero los excuso porque simplemente nuestra educación es tan pobre que términos que yo he aprendido en la Universidad, ellos por diversas situaciones probablemente no llegarán a conocerlos.

Insisto, cuanta falta nos hace la Filosofía como cátedra obligatoria en nuestras escuelas públicas y colegios privados del interior. En la capital de nuestros países se enseñan las grandes maravillas intelectuales, pero somos la minoría con respecto a la gran mayoría de las comunidades rurales.

Son personas sin ideologías, ni contrariedades “modernas y urbanas”… pero eso sí, “cristianos hasta las polainas” como es el dicho en el interior de Guatemala.

¿Serán ellos los próximos reformadores desde lo dicho por Ratzinger? Otra pregunta sin respuesta (por ahora)…

Y mientras tanto yo continuaré buscando el verdadero sentido de Libertad…

Mientras tanto, seguiré buscando el hálito para mi propio re-encuentro…


[1] Nota: En una próxima ocasión escribiré la inesperada manera en la que me encontré con este franciscano autor y con una de las lecturas que en este momento esta marcando algo en mi interior: Tercer Abecedario Espiritual, una elección que realicé sin saber que me encontraría de cara con un hombre que no sólo tuvo por aquellos siglos medievales, puestos los pies sobre la tierra y la mirada en el cielo, sino cuidadosamente ha sabido escabullirse entre los estantes de la Biblioteca y aparecer en un momento crucial de mi existencia.

[2] Benedicto nunca fue tan claro como cuando en su mensaje durante la vigilia de oración ante decenas de miles de jóvenes, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en Colonia (Alemania), en el año 2005, dijo: “Los santos son (…) los verdaderos reformadores (…) sólo de los santos, sólo de Dios proviene la verdadera revolución (…) No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?”. (Tomado de la traducción del artículo Benedicto XVI: Revolucionario de la Razón por Samuel Greeg. 13 de febrero de 2013)

[3] James M. Buchanan. Los límites de la libertad, entre la anarquía y el Leviatán. Primera Edición en Español: 2009. España.

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