A esa persona…

A esa persona… que cuando le hablo me dice: ¡voy a luchar por ti y tus sueños!

A esa persona… que me dice: te traje al mundo y por eso no te voy a dejar sola; y me hace experimentar un nudo en la garganta que tiene un sabor a miel.

A esa persona… que sin estar me ha demostrado que está.

A esa persona… que me enseño a amar el ganado.

A esa persona… que jugó conmigo dominó, lotería y me subió sobre el “lomo” de los terneros.

A esa persona… que estando en su lecho de muerte, amo a Dios con el alma. Y su Fe lo ha hecho trascender (aunque hoy físicamente ya no lo pueda ver).

A esa persona… que me ha enseñado a rezar el Rosario.

A esa persona… que me ha enseñado a creer en “Tata Dios”

A esa persona… que de pequeña me hacía mis vestiditos, y me decía ¡Qué linda!

A esa persona… que me ha reprendido con sabias palabras porque estoy haciéndolo mal.

A esa persona… que me exigió a dar todo de mí.

A esa persona… que me dijo: ¡lo que haya en nuestra mesa, eso se les dará a los trabajadores de la milpa!

A esa persona… que me enseñó a decir ¡Perdón para todo!

A esa persona… que me ha regañado por decir ¡Perdón por todo!

A esa persona… que me ha dicho perdona a tu prójimo de corazón.

A esa persona… que en una tarde me lleno con su inmensa Fe y su convicción firme de Economía.

A esa persona… que me ha preguntado cómo estoy.

A esa persona… que me ha regalado sus sentimientos en una notita.

A esa persona… que me ha regalo su corazón al confiarme su lucha diaria.

A esa persona… que me ha hecho cavilar sobre la verdadera trascendencia de la vida con las muchas platicas.

A esa persona… que me ha invitado a orar.

A esa persona… que me hace soñar con el campo cuando me cuenta sobre la cosecha y las gallinas.

A esa persona… que me ha “alcagüeteado” o en culto idioma, solapado con ternura.

A esa persona… que aún a mis dos décadas de vida me sigue viendo como una niña.

A esa persona… que me mima desde la lejanía o cercanía.

A esa persona… que le importa mi buena relación con Dios.

A esa persona… que ha permitido que pueda estudiar en la Universidad.

A esa persona… que me aconseja a no “tirar la toalla” aún después de la adversidad.

A esa persona… que me hace soñar con un futuro mejor.

A esa persona… que me dice que siente que tiene un deber moral con su sociedad.

A esa persona… que en un día gris con su sola sonrisa y una palabra de aliento, me levanto el espíritu en una tarde de entrevistas.

A esa persona… que sin conocerme me llevo hasta ese lugar y me dijo: ¡Ánimo!

A esa persona… que día a día lucha a mi par en una batalla universitaria.

A esa persona… que me ha dicho: ¡Sonreí Karen! con una mirada tierna.

A esa persona… que muchas noches se ha quedado conmigo y me ha inspirado a seguir en la batalla aunque las cosas no vayan bien.

A esa persona… que ha creído en mi, aún después de mi misma.

A esa persona… que me ha perdonado desde el fondo de su corazón.

A esa persona… que ha llorado conmigo, que  ha reído a mi par, que me escuchado y también me ha oído.

A esa persona… que me ha enseñado que una batalla no es suficiente, una buena batalla es lo correcto.

A esa persona… que me ha enseñado a perseverar aún después del sufrimiento físico, moral, familiar, económico, político, y rural.

A esa persona… que día a día me sonríe por las mañanas y me da los buenos días.

A esa persona… que me ha demostrado que el socialismo no es tan malo, y que el capitalismo tiene sus negatividades. Y viceversa.

A esa persona… que me ha enseñado que a veces también hay gris, y no solo blanco o negro.

A esa persona… que defiende su convicción en una lucha donde puede perder la vida.

A esa persona… que me ha devuelto mi verdadero espíritu: escribir.

A esa persona… que con voz muda me pide a gritos un abrazo.

A esa persona… que se alegra con mis triunfos y me anima en los fracasos.

A esa persona… que dejo un libro hace miles o cientos de años, y que hoy puedo leer.

A esa persona… que puedo leer.

A esa persona… que puedo meditar.

A esa persona… que me ha amado y me ha querido.

A esa persona… que me ha enseñado a amar y a querer.

A esa persona… que me ha demostrado su amistad en las buenas y en las malas.

A esa persona… que me ha dicho ¡Te quiero! y se ha grabado en mi mural de buenos recuerdos.

A esa persona… que me ha hecho creer en lo imposible.

A esa persona… que con su trabajo me ha llenado de bienes.

A esa persona… que al cortar el césped me ha hecho percibir la esencia de la hierba.

A esa persona… que al regar las plantas me ha hecho percibir el olor a tierra mojada.

A esa persona… que me visto y ha bajado la mirada porque me he sonrojado.

A esa persona… que me ha dicho ¡Cuentas conmigo!

A esa persona… que me ha retado a dar lo mejor de mi, día a día.

A esa persona… que me ha reprendido porque me ha dicho dices dar lo mejor de ti, y desanimarte no es dar lo mejor de ti.

A esa persona… que me ha inspirado con su lucha por perseguir sus buenos sueños.

A esa persona… que se ha sumergido en la selva y ha llevado el progreso a su prójimo, por encima de él mismo.

A esa persona… que se dice atea, y me ha enseñado que puede ser espiritualmente más cristiana que yo.

A esa persona… que con su creatividad ha devuelto la esperanza a miles.

A esa persona… que el solo verle, me ha devuelto la alegría.

A esa persona… que ha muerto por mí.

Estas son las personas a imagen y semejanza de Dios. De todas ellas me encuentro rodeada y hoy les doy gracias de forma inmensa. A esa persona que quizás ya no esté conmigo físicamente, pero en mi corazón siempre vivirá. Pero también a esa persona que sublimemente puedo tener la dicha de tenerla aún a mi lado.

Estas son solo unas pocas de las miles de virtudes que Dios ha puesto en cada uno. Y me conmueve el solo hecho de pensar que día a día, se las arregla para que tenga al menos diez de todas estas virtudes en mi vida a través de estos seres humanos.

Y a esa persona que ha prometido estar con nosotros todos los días de nuestra vida, que ha muerto por nosotros, y que encierra en un solo cuerpo y espíritu, todas y muchas más de las cualidades anteriormente descritas… Enséñame a vivir como Tú y a seguir tu ejemplo Jesús, pero por sobretodo a no perder la Fe cuando la tribulación sea grande.

 Gracias a todas esas personas que me recuerdan que Dios vive entre nosotros.

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