“El Fin Es Mi Principio” y el Gran Viaje de la Vida

Al momento en que redactó esta reflexión, que no sé si quedará larga o corta, y en resumidas cuentas no es eso lo que me mueve… me detengo a escuchar que hay a mi alrededor, quizás en un intento de atar las ideas que juguetean en mi mente… El silencio me hace escuchar a la naturaleza de la manera más encantadora posible: la pareja de palomas que duermen en mi ventana al parecer han cogido un resfriado, hoy[1]ha sido un día de chipipi en la ciudad, la pobrecilla paloma no ha parado de estornudar. La onomatopeya del gran cementerio[2]que habitamos: la tierra, un lugar de vida y evolución.

Esto me hace pensar… si Tiziano estuviese aquí seguramente habría salido a la terraza, habría tirado una cuerda para llegar hasta donde están las palomas, las hubiese agarrado y muy probablemente habría tenido una jaula china, de esas que usaban los manchúes  para la crianza de grillos en versión grande, y las hubiese metido allí para protegerlas de la lluvia y el frío de la noche. Mañana por la mañana, se habría levantado a prepararse el té, luego habría corrido hasta el pie de la jaula, y mientras lo tomaba, habría escuchado como el macho de la pareja de palomas le daba, con su canto, los buenos días a su hermosa esposa (bien a Angela o bien, a la paloma hembra)… Segundos después habría abierto la rejilla de la jaula y las hubiese dejado en libertad, mientras su humeante té le recordaba sus días de rencuentro en la chocita del Himalaya en una experiencia mística, al unísono remembrante del canto del cuclillo.

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Una mezcla de emociones, aprendizajes sobre el continente asiático, Historia, regímenes militares, tradiciones, trascendencia, espiritualidad, y sobre toda mucha simpatía con Tiziano Terzani[3], es lo que me ha traído el gran viaje de su vida a través de su libro “El Fin Es Mi Principio”. Es la vida de una persona común y corriente, con sus contradicciones, con alegrías, con sus puntos de vista, con pasiones, con amores, con sus reflexiones, con anhelos, con sus realidades, y sobre todo, un incansable deseo de ser un buen administrador de su talento tanto para él como para su sociedad.

¡Cuán importante es entender que la Diversidad, Historia, Modernidad, y Cultura han sido determinantes para que en éste Gran Cementerio que es la Tierra, la Humanidad aún exista!

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Porqué una historia en particular me ha contado la Historia de Asia de la manera más vivencial posible…

“Desde el principio aprendí que a través de un pequeño episodio cuentas una gran historia, porque la historia contada a través de una experiencia personal, a través de la pequeña anécdota de la vida de un hombre, de un pueblo, puede explicar mucho más que si escribes: «Ayer, seis mil muertos»… Seis mil muertos no lo ve nadie, pero un muerto que tiene familia, que tiene hijos, eso impresiona.” – Tiziano Terzani.

¡He simpatizado tanto con este fragmento de la conversación de Tiziano a su hijo Folco! En mi caso, y para éste mi pequeño espacio online… mi pequeña bitácora de recuerdos, experiencias y sueños… ha sido la explicación a mi “manía” de centrarme en una historia en particular, en una persona, en una conversación, en un momento… muchas veces llegué a pensar que debía ser más objetiva, y menos emotiva. ¡Pero No! ¡No voy a dejar de escribir historias humanas solo porque debo ser objetiva! ¡Al diablo la objetividad! ¿Acaso podemos hablar de Humanidad sin la Historia de cada Humano?

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“[…] Es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo encuentran.” – Mateo 7:14.

La inmensidad que hay al tomar la decisión más importante de nuestras vidas: Ser nosotros mismos, es trascendental. Tiziano dijo que ésta elección no es la misma que se hace entre dos productos en un supermercado, o entre dos prendas de vestir por la mañana, ésta elección debe ir en respuesta a la pregunta ¿Quién es el Hombre? y ¿Quién soy yo? Más sin embargo, hay cientos de respuestas para la primera pregunta, y todas tratan pretensiosamente de ser la guía universal para la Humanidad… Ahora bien, la respuesta para la segunda pregunta solo la tuvo Tiziano para su fuero interno cuándo se la cuestiono, solo la tengo yo, solo la tiene cada uno cuándo llega el momento de cuestionársela, y también cuando llega el momento de responderla. ¡Qué maravilla es ver a un joven tocando el violín en la Sexta Avenida! Está siendo él mismo y ha comprendido el verdadero significado de ser un buen Administrador de su Don en la Multiforme Gracia de Dios (1 Pedro 4:10-11).

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“El que ha viajado mucho conoce muchas cosas, el hombre de experiencia sabe lo que dice. Quién no ha sido puesto a prueba poco sabe, el que ha viajado sabe bien lo que hace. Muchas cosas he visto en mis viajes, he aprendido más de lo que podría decir. Muchas veces peligró mi vida, pero me salvé gracias a todo eso.” – Eclesiástico 34: 9-12.

Explorar el mundo sin una guía turística, y como bien lo dijo Tiziano, haciendo de los libros nuestros mejores compañeros de viaje, es también encontrar nuestra propia identidad. Tomar ese camino, esa calle, ser tú mismo y que eso te permita conocer a más personas, conversar con ellas, hacerte uno de ellos, hacerte parte de su cultura, de sus vidas… es una manera muy hermosa de buscar nuestra propia respuesta a ¿Quién es el Hombre?

He de ser sincera y decir que en nuestras propias ciudades hay lugares tan conocidos pero a la vez tan inexplorados, que pueden enseñarnos igual o aún más que la lectura de un libro, y con esto no estoy diciendo que no debamos leer un libro, al contrario, debemos sumergirnos en ellos.  Pero también animarnos a hacerla de arqueólogos, es una manera valiente de buscar nuestra Historia.

Una vez conocí a un señor de unos setenta y tantos años, que me dejo fascinada cuando me dijo que había viajado por Alemania, Estados Unidos, Suiza, Argentina, Chile, España y demás países… Le dije: ¡Usted es verdaderamente un trotamundos! ¿Cómo lo ha hecho? Él me respondió con una serena mirada: Lo he hecho a través de los libros. Una respuesta que verdaderamente no esperaba, pero que con el pasar del tiempo he ido comprendiendo. Éste sabio lector ha viajado a muchos lugares, y lo ha hecho no solo en el tiempo presente, también lo ha hecho muy posiblemente a la Edad Media, a la época de Gandhi, a sido observador omnipresente en las Cruzadas. Quizás se ha sentido Romeo en la triste historia de Shakespeare, a escondidas escuchó las conversaciones del joven Arturo con el Mago Merlín, imagino ser el Quijote de la Mancha, o aún más impresionante, imagino ser el Hombre Bicentenario… en fin, los libros son máquinas del tiempo que nos hacen reflexionar sobre nuestra Humanidad, sus deseos, sus pogresos, sus fracasos, sus sentimientos y, su evolución o desevolución.

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Tiziano Terzani en El Fin Es Mi Principio ha hecho sinergia, quizás sin quererlo, con lo que Jesús les predicaba a sus Discípulos acerca de la muerte. La muerte es solo el paso para el rencuentro con el Hijo de Dios, él mismo ha dicho: ¡Estén preparados! En efecto, el fin es el principio para una Vida Eterna y la única condición para dicha Vida es Amar a Nuestro Prójimo como a Nosotros Mismos (Lucas 10: 25-37).

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Hoy[4], el canto del cuclillo acompaña a Tiziano en la trascendencia, donde no hay tiempo ni dolor… Mientras esta noche yo, escucho el Cucu ru cucu de las dos palomas en mi ventana… que con los primeros rayos del sol, las dos volarán al eucalipto y éste cucu ru cucu nocturno ya no será mío. Se mezclará con el aroma de dicho eucalipto y en una plegaria de paz subirán para el Altísimo de los Cielos…


[1] La noche del sábado 14 de julio de 2013.

[2] “La tierra en la que vivimos es un gran cementerio. Un inmenso cementerio lleno de todo lo que ha estado aquí. Si excaváramos, encontraríamos por todas partes huesos ya reducidos a polvo, restos de vida. […] Pero es precioso porque es la naturaleza. Sobre éste gran cementerio crecen flores, corren hormigas, elefantes… si lo ves así y vuelves a formar parte de todo eso, quizá lo que queda de ti es esa vida indivisible, esa fuerza, esa inteligencia a la que puedes ponerle barba y llamar Dios, pero que es algo que nuestra mente no alcanza a comprender y tal vez es la gran mente que lo mantiene todo unido.” – Tiziano Terzani.

[3] Tiziano Terzani (1938-2004) nacido en una humilde familia florentina en los albores de la Segunda Guerra Mundial, quedará para la posteridad como uno de los más brillantes corresponsales de guerra de la historia del periodismo. Su contacto directo con las personas que sufrieron las guerras en carne propia despertó en él un humanismo muy crítico con el poder. Frente a su mirada comprometida desfilaron la mayoría de los hechos determinantes del convulso siglo XX: la guerra fría, la China maoísta, el apartheid surafricano o la guerra  de Vietnam. Cuando en marzo de 2004, Tiziano Terzani, debido a una enfermedad terminal, ve acercarse el final de su vida, decide reunirse con su hijo Folco para mantener con él unas valiosas conversaciones sobre la vida que ha llevado de las cuales nace el libro El Fin es Mi Principio. (Tomado de http://www.maeva.es/libro/219-El_fin_es_mi_principio)

[4] La noche del domingo 15 de julio de 2013.

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