EXCELENCIA HUMANA EN LA VIDA CRISTIANA

Somos como hojarasca seca, movida por el viento, mojada por la lluvia, secada por el sol, desintegrada por los años. En un mundo de inmensidad, solo una pieza corpórea ante la vista de nuestra humanidad…

 ¡Cuán insignificante humanidad!

¡Cuán débil inteligencia!

¡Cuán arraigada racionalidad irracional!

Somos como un soplo de viento que ha desaparecido en segundos…

Somos como un haz de luz del relámpago que ya ha desaparecido…

 Somos como la gota de rocío que ha caído a la tierra y ha desaparecido en ella…

Somos el polen que la abejilla se ha llevado en sus patitas y ya ha desaparecido…

Somos el diente de león que ha volado y ha ido desapareciendo en los lazos de un viento que ya no está más…

Somos el pétalo de la rosa más hermosa que se ha marchitado y ha caído al unísono…

Somos humanos que desaparecemos sin el más mínimo reparo en la arbitrariedad de la muerte…

Eso somos… materia corpórea…

¡Cuán amada humanidad!

¡Cuán delicada candidez!

¡Cuán ingenua sabiduría humana!

Pero así como el soplo de viento le ha dado vida a la naturaleza…

Como el haz de luz del relámpago ha dado vida al trueno…

Como la gota de rocío que antes de caer a la tierra ha reflejado la hermosura de la margarita que la contenía y a la tierra, ha humectado…

Como el gránulo que ha sido polinizado en otra florecilla…

Como la semilla de diente de león que ha caído en otro lugar, para evangelizar tierras incultas…

Como el pétalo que fertilizará la tierra para nuevas vidas…

Así…

El humano, esa materia corpórea, encuentra su inmortalidad en la trascendencia de su compostura espiritual…

 *  * * * *

Esto es lo que somos, una unión de materia física y espiritual que nos somete todos los días de nuestra vida a la dificultad porque al buen oro, se le prueba en las llamas del más sofocante fuego.

“Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación.” – (Eclesiástico 2:5)

 Esta es una reflexión que me ha dejado sin aliento, que me ha robado el suspiro, y que más ha renovado el compromiso que como mujer con una misión en este mundo debo completar antes que mi carne pase a ser hojarasca seca. Este es el descubrimiento de la gran misericordia de Dios Mismo en nuestras vidas, y siendo UNO y TRINO, se ha supeditado a nuestros pies. Así como también, ha menguado su infinito poder yuxtaponiendo desde nuestros orígenes, la libertad.

 “Él (Señor) hizo al hombre al principio, y le dio la libertad para decidir”

(Eclesiástico 15:14)

Parto de esta Verdad Fundamental para adentrarme en el tema que me intrigó desde que tuve conocimiento de él. Quiero hacer alusión al Catecismo de la Iglesia Católica[1] con respecto a la libertad que Dios Mismo nos ha otorgado para decidir lo que queremos hacer sin obligarnos a actuar ni siquiera para hacer el bien: “[…] El hombre al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie está obligado contra su voluntad a abrazar la fe. En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza”.

Acerca del cuestionamiento sobre la Excelencia Humana

Hace un tiempo atrás, tuve una serie de charlas al estilo de Sócrates Café en la UFM. Las experiencias que cada uno de los participantes teníamos fue determinante para que pudiésemos argumentar lo que decíamos al momento del diálogo. No me gustaría llamar de esta manera a Christopher Phillips[2], pero en este contexto fue una especie de moderador de dicho diálogo. A mí parecer, las preguntas más cuestionantes que se lanzaron como cartas sobre la mesa fueron:

¿La libertad es una virtud?

¿Qué papel juega la libertad en la excelencia humana?

¿Qué es una virtud?

¿Puede existir perfección humana?

¿Qué es excelencia humana?

¿La excelencia humana es la totalidad de virtudes?

¿La excelencia humana conlleva a la perfección?

¿Existen verdades fundamentales?

¿La perfección humana puede darse en los ámbitos en los que cada persona tiene talentos?

¿Puede un ser humano llegar a la perfección en las habilidades que le son innatas y excelentes en las que no?

¿El amor es una virtud? ¿Qué es el amor?

¿Para un cristiano, las cinco clases de amor de los griegos se encuentran contenido en la totalidad infinita del Amor de Dios?

Antes que nada, Christopher puntualizó que su objetivo no era que en el diálogo se impusiera una idea absoluta en los participantes, más bien, que cada uno explorará su fuero interno y diera sus opiniones de la manera más auténtica posible. ¿Qué es excelencia humana? Y ¿se puede alcanzar la perfección en los ámbitos en los que son nuestros talentos? Fueron dos preguntas que me intrigaron desde el principio, sin embargo, a medida que fui explorando qué son las virtudes me encontré con varias preguntas más, quizás mucho más importantes que las anteriormente descritas.

“Al estilo de cómo Sócrates hacía preguntas”, Christopher Philips lanzó el primer cuestionamiento: ¿Qué es excelencia humana?

No puedo siquiera describir nuestras expresiones faciales (las de mis compañeros y la mía). En ese momento mi lengua se quedo perpleja y mi mente voló a otro lugar: ¿Cómo es posible que la mayoría de nosotros hablemos utilizando palabras como Valor, Virtud, Principio, Excelencia, etc. Etc., cuando en realidad no sabemos exactamente lo que significan? (O al menos eso fue lo que  nos sucedió a nosotros). Es tan difícil encontrar una respuesta para lo que son o deberían ser las palabras anteriores.

En medio de las conversaciones con mis compañeros, por mi parte llegué a la siguiente conclusión: las virtudes no son buenas ni malas, al igual que el amor no es racional ni irracional, son esencias que simplemente son y están presentes en el entorno humano. Las virtudes desde mi concepción, no son parte de la racionalidad del hombre, más bien son parte de la autoconciencia. Así también, el amor no es parte de la racionalidad sino más bien una esencia inalienable del ser humano. Nadie puede arrancarle al hombre algo que no puede tocar ni ver, el hombre bien puede dejar de amar a una persona en especifico, más sin embargo, no puede dejar de amar a la humanidad o a la naturaleza por completo.

Conclusión que desde la perspectiva humana tiene mucho sentido, más no así desde la perspectiva espiritual, y más aún después de haber indagado en mi Creencia Cristiana.

*  * * * *

Simplemente quiero que mi alma hable, no quiero aturdirte con tantas palabras que de nada valen. Solo quiero que en este momento te adentres en lo que probablemente ya sabes, pero que no sé cómo decirlo con mis cuerdas vocales. Para ti no es un secreto que en la búsqueda de la verdadera identidad me he hecho muchas preguntas, he titubeado acerca del rumbo de mi carrera universitaria, de mis creencias espirituales y cristianas, y he titubeado de tus mismas promesas. Ha sido una lucha constante, una dura batalla por perdonarme, un nuevo renacer, un nuevo significado de la palabra Vida, un nuevo encuentro con la palabra Cristiana, y desde luego un compromiso que he adquirido…

 *  * * * *

Excelencia Humana en Cristo Jesús

La pregunta que el Papa Francisco lanzó al finalizar la Homilía de Canonización de los Mártires de Otranto, Madre Laura Montoya y Madre María Guadalupe García Zavala, el VII Domingo de Pascua 12 de mayo de 2013[3]:

¿Soy capaz de “hacer ver” mi fe con respeto, pero también con valentía?

Después que conocemos a Dios en su Infinito Esplendor no podemos ni debemos continuar siendo los mismos, porque el compromiso ya no es solo una obligación que impone nuestra religión sino más bien una filosofía de Vida y una entrega total en búsqueda de la Vida Eterna.

Tengo el convencimiento que los seres humanos nacemos para ser buenos, porque desde el inicio de los tiempos, Dios nos hizo a imagen y semejanza suya, y por simple lógica, si Dios es bueno en su Infinita Gloria, el ser humano es bueno en espíritu y verdad. Sin embargo, tal como nacemos siendo buenos, también nacemos siendo libres para que voluntariamente elijamos entre el bien y el mal. “Por la gracia del Bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad; aquí abajo en la oscuridad, de la Fe y, después de la muerte, en la Luz Eterna” (CIC 265). Más sin embargo, el mismo hecho que nos hace ser libres, nos hace propensos a elegir consciente o inconscientemente el mal: el pecado.

Cometo la gran osadía al decir que existen dos tipos de Amor: Dios Mismo y la Caridad como Virtud Teologal que desde mi punto de vista es Amor. Ahora bien, Dios Mismo es Amor, quién abarca a las tres Virtudes Teologales que el Catecismo de la Iglesia Católica determina por Revelación misma de la Santa Biblia. Sobre la gran existencia de Dios y su Amor hacia los hombres, puedo decir lo siguiente: Dios es Amor (1 Juan 4:16). Sin embargo, he de declararlo, es un tipo de Amor que mi mente humana no puede siquiera concebir. Es un Amor que se encuentra fuera de cualquier definición humana y más aún de cualquier atrevida comparación.

Las tres Virtudes Teologales son las siguientes: la Fe, la Esperanza, y la Caridad (que como bien había mencionado anteriormente yo la llamaría Amor, pero no es Dios Mismo).

Dios Mismo siendo el Amor Mismo (no Caridad) y por Gracia infundida por el Espíritu Santo hace que ante la vista de Dios Mismo tengamos Justificación, es decir, que por la Justicia de Dios Mismo obtengamos el perdón de nuestros pecados, la Santificación y la Renovación de nuestro interior. (CIC 1989)

Por lo mismo, dado que Dios Mismo conoce nuestra condición de pecado, infunde en nosotros por medio de la Justificación las tres Virtudes Teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Asimismo, las tres Virtudes Teologales hacen posible las Virtudes Cardinales o Morales, las cuales son: la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza. Las anteriores  a su vez se trabajan en el ser humano por las Virtudes Humanas. Mostrándonos que por nuestra condición humana, necesitamos ser ayudados por DIOS UNO y TRINO para luchar contra el pecado.

El Espíritu Santo siendo por quién el Padre (Dios Mismo) ama al Hijo (Jesús), y siendo por medio del Hijo que nosotros hombres amamos al Padre (Dios Mismo):

“Jesús le respondió: – Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí.” – (Juan 14:6)

El Espíritu Santo derrama sobre nosotros sus siete dones: Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios. Dichos dones del Espíritu Santo sostienen la vida moral de los cristianos para que nuestras acciones sean de acuerdo a la Obra Maravillosa de Dios Mismo (Padre). Asimismo, en la Tierra (terrenal) los hombres tenemos el deleite de los frutos del Espíritu Santo que son como la antesala a lo que será la Vida Eterna: Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Longanimidad, Bondad, Benignidad, Mansedumbre, Fidelidad, Modestia, Continencia,  y Castidad.

En la Infinita Grandeza de Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo; éste último, quién siendo por quién Dios Padre ama al Hijo, ha otorgado frutos para el hombre que tiene Esperanza (espera en el cumplimiento de las promesas contadas por Jesús en Revelación del Padre) en la Vida Eterna por medio de la Fe. Pero también ha otorgado no solo frutos para el hombre individual sino también para su comunidad por medio de los Carismas.

“Los Carismas son dones especiales del Espíritu concedidos por Dios al pueblo cristiano en orden al bien de la comunidad (1 Corintios 12: 4-11). […] Los más importantes eran: el apostolado, la profecía (que generalmente hemos traducido por “hablar de parte de Dios”), la enseñanza, el don de hacer milagros, de curar enfermedades, asistir a los necesitados, dirigir la comunidad y hablar lenguaje misterioso (1 Corintios 12:28 – Efesios 4:11).” (Definición dada por la Biblia Católica para Jóvenes).

Virtudes Cardinales Morales

Haré uso de la definición que el CIC da para las Virtudes Humanas, en el renglón 1804: “Son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, orden nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe”. Ejemplos de ellas son la lealtad, el orden, la diligencia, la solidaridad, el respeto, y la gratitud.

Por otro lado, las Virtudes Cardinales Morales son los “ejes centrales mediante las cuales giran las virtudes humanas”. Cardinal en latín significa fundamental. Ya en este punto, no considero que las Virtudes Cardinales sean solo actitudes firmes, tal como las virtudes humanas; considero más bien, que son el discernimiento dado por el Espíritu Santo a través de sus Dones, que nos hace capaces de determinar que es bueno y que es malo, aunque en realidad  actuemos de otra manera. Manera errónea de alcanzar la Vida Eterna, tal como la Fe sin Obras es Fe muerta, igual sucede con el discernimiento sin acción acorde al él. Las Virtudes Cardinales son la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza.

  • La Prudencia es llamada “auriga virtutum”, dado que conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. (CIC 1806). Es la virtud que dispone la razón objetiva para enfatizar en toda circunstancia el bien y a elegir los medios rectos para realizarlos.

“[…] Sean, pues, prudentes y vivan sobriamente para dedicarse a la oración.”

(1 Pedro 4:7)

  • La Justicia, es la virtud que nos lleva a darle a Dios y al prójimo lo que les es suyo. En ese caso, estoy casi convencida que nosotros no podemos llegar a la Justicia Perfecta de Dios Mismo y que en definitiva no es la misma Justicia como Virtud Cardinal y como Justicia Infinita de la Santísima Trinidad. Sin embargo, hemos sido dotados por el Espíritu Santo de sus Dones y por Dios Mismo, a través de las Virtudes Teologales.

“[…] Entonces Jesús les dijo: – Pues den al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios.” – (Mateo 22:23)

“Señores, den a sus esclavos lo que sea justo y equitativo, sabiendo que también ustedes tiene un Señor en el cielo.” – (Colosenses 4:1)

  • La Fortaleza, es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien (CIC 1808). Es ésta Virtud que hace que resistamos a las tentaciones y superemos los obstáculos en la vida moral.

“Precisamente para que no me valore más de la cuenta, tengo una espina clavada en mi carne, un representante de Satanás encargado de hacerme sufrir para que no me enorgullezca. He rogado tres veces al Señor para que apartará esto de mí, y otras tantas me ha dicho: “Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad”. Gustosamente, pues, seguiré enorgulleciéndome de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Y me complazco en soportar por Cristo debilidades, injurias, necesidades, persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte”. – (2 Corintios 12: 7-10)

  • La Templanza, es la Virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. (CIC 1809).

 “No te dejes arrastras por tus pasiones, y refrena tus deseos.”- (Eclesiástico 18:30)

Virtudes Teologales

“Las Virtudes Teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano” (CIC 1813), puesto que son insufladas por Dios Mismo en el alma del hombre. Dios Mismo infunde estas Virtudes en los hombres porque los ama infinitamente como hijos suyos. Y ¿Qué padre no quiere lo mejor para sus hijos?

  • La Fe, es la virtud teologal por la cual el hombre cree en Dios y todo lo que Él le ha revelado.

“La Fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios. La fe es la que nos hace comprender que el mundo ha sido formado por la Palabra de Dios, de modo que lo visible proviene de lo invisible.” – (Hebreos 11:1-3)

  • La Esperanza, es la virtud teologal por la cual el hombre aspira a la Vida Eterna en Armonía con Dios Mismo, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es el anhelo de felicidad puesto por Dios Mismo en el corazón y alma de los humanos, porque creemos por la Fe en las promesas de llegar al Reino de los Cielos. 

“Él nos salvo, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo, que derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo nuestro Salvador. De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de heredar la vida eterna.” – (Tito 3: 5-7)

  • La Caridad (para mí el Amor), es desde un principio la mayor de las tres virtudes teologales (1 Corintios 13,13). Es la virtud por la cual amamos a Dios Hijo, quién nos lleva hasta Dios Mismo. Es por esta virtud que amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Tengo claro que Jesús, Nuestro Salvador, murió por Amor al Hombre; sin embargo, mi mente humana no puede concebir un Amor tan grande como el de Jesús, así como tampoco estoy segura que el Amor de Jesús sea el mismo que nosotros experimentamos. Nosotros humanos, hombres pecadores, amamos de una manera tan distinta de la que Dios Mismo y Dios Hijo nos han amado. Definitivamente, el Amor que Dios Uno y Trino siente por nosotros es mucho mayor que el que nosotros por nuestra condición humana podemos siquiera imaginar, y más desgraciadamente, experimentar y proyectar.

“El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia ni orgullo ni arrogancia. No es grosero ni egoísta, no se irrita ni es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” – (1 Corintios 13: 4-7)

El hombre está predestinado a grandes proezas y a la promesa de la Vida Eterna (Santo Tomás de Aquino; Los hombres ¿son o no son predestinados por Dios?; Suma de Teología). Por lo tanto, el hombre está predestinado a la perfección, que aunque nunca lleguemos a alcanzarla en su totalidad, por la Infinita Gracia y Justicia de Dios Mismo podemos encaminar nuestra Ánima a imitar a Cristo Jesús. En cuanto a las Verdades Fundamentales,  creo fielmente que hay verdades que son la realidad, las cuales no pueden ser justificada por una nuestra. Hay Verdades Fundamentales que son supremas al hombre y que por ningún motivo pueden ser tomadas como subjetivas o relativas. La existencia de Dios UNO y TRINO es real y una Verdad en mi vida. La Palabra es un medio por el cual se nos ha sido revelada la Grandeza del Amor, Gracias y Justicia de Dios Mismo, en su máximo esplendor: Jesús.

En cuanto a si la libertad es una virtud y ¿Qué papel juega la libertad en la excelencia humana? Me han quedado más que respondidas. La libertad por ningún motivo es una Virtud, y es donde haré uso de las nueves acertadas palabras del Padre Robert A. Sirico en su Ensayo Hacia una sociedad libre y virtuosa: “[…] La libertad es (solo) el contexto necesario para la virtud”. Ciertamente, la libertad es una disposición Divina que nadie puede violar, pero después de haber examinado la Santa Biblia Católica y el Catecismo de la Iglesia Católica… La libertad es tan importante y valiosa, pero es solo y únicamente el contexto para que el Hombre pueda llegar a la Vida Eterna por la Gracia y posterior Justificación de Dios Padre. Es un hecho también, que la excelencia humana puede ser lograda por medio del ejercicio de elecciones libres, más sin embargo, para lograr la Verdadera Excelencia Humana… a la que todos los seres humanos sobre la Tierra estamos llamados por Dios Mismo a través de Dios Hijo, por intercesión del Espíritu Santo, es necesario más que la libertad. Es necesaria una comunión diaria y a cada segundo con DIOS UNO y TRINO, viviendo en su Espléndido Amor.

La Excelencia Humana en Cristo Jesús es una búsqueda de la Verdad por medio de la Fe, Esperanza y viviendo en el Amor al Prójimo, porque este también es el Mandamiento Nuevo de Jesús:

“Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros. Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos.” – (Juan 13:34-35)

* * * * *


[1] Me referiré al Catecismo de la Iglesia Católica por las siglas CIC de ahora en adelante.

[2] Christopher Philips: (1959- ) Escritor norteamericano, autor de Socrates Café (2001), Six Questions of Socrates (2004), Socrates In Love (2007), y Constitution Café (2011).

[3] Homilía del Santo Padre Francisco en la Plaza de San Pedro, en la fecha indicada. Disponible en: http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130512_omelia-canonizzazioni_sp.html

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