Un aeropuerto, un café matutino y una conversación…

Tal vez por esperar el momento, esté tentada con la posibilidad de creer que el momento nunca se dé, entonces he decidido que el momento sea ahora.

Cuando me disponía a volver a Guatemala de mi primer viaje a Estados Unidos, específicamente después de haber asistido a Acton University 2013 en Grand Rapids, Michigan; viví algo que en aquel momento no valoré y que quizás únicamente fue como una “simple coincidencia”. Pero no, no fue una simple coincidencia… hoy es un recuerdo que ha venido a mí diciéndome que así como hay personas que quizás las verás una sola vez, hay vivencias que no las entenderás en el momento que están sucediendo sino mucho tiempo después… una historia fermentada en tanto…

Acton University ha sido de las mejores experiencias que he podido vivir, y si no he escrito nada acerca de esta actividad es porque aún pienso que hay camino que recorrer.

El 23 de junio, eran cerca de la 7 de la mañana y me encontraba en el aeropuerto de Grand Rapids, esperando a que llegase la hora para abordar mi avión de regreso a Guatemala. Sin embargo, no había desayunado, por lo que decidí que lo iba a hacer sin más remedio allí. Compré mis alimentos, y me disponía a buscar un lugar donde sentarme, pero ¡Oh, sorpresa! Todas las mesitas estaban ocupadas, por tres a cinco personas, familias completas por cierto… En fin, decidí que me iba a sentar en un sillón. Al momento que me disponía a caminar hacía él, veo que en una de las mesitas estaba una sola persona tomando su café matutino; y sin más ni más, me dije: ¡No creo que le moleste que me siente con él a desayunar! Fue un poco extraña mi reacción, puesto que nunca me ha importado comer sola, pero en este momento parecía como si sí me importara. Me dirigí hacia el hombre de unos cincuenta y tantos años, que vestía como un sacerdote católico (quizás el hecho de verlo y que fuera un sacerdote, me animo a hablarle, porque de lo contrario, no lo hubiera hecho); y le dije: Good Morning! How are you? Excuse me, I can sit with you?

Él muy amablemente, y supongo que al verme con un panecillo y un café, accedió. Me respondió en español, y su acento era el que había escuchado un tiempo atrás: argentino. En fin, me presente y el Padre también lo hizo. Luego, entablamos una plática amena durante aproximadamente 30 minutos (30 minutos que atesoro en lo más profundo de mi corazón).

Ambos asistimos a Acton University, y bueno, nuestros temas de conversación fueron lo vivido en esos intensos días de aprendizaje, sobre nuestros países, la situación económica, la espiritualidad, Dios, y luego, me pregunto qué estudiaba yo. Cuando le conté acerca de mí, se reía de la manera en que le describía lo que había sido mi primer año de Universidad, fue entonces cuando el Padre me contó las penurias que pasaba para comunicarse con su familia cuando estudiaba en Roma. Me contaba que se comunicaban a cada semana, o más. Pero me quede más sorprendida cuando me dijo que él ha conocido al Padre Jorge Mario Bergoglio, fue su superior. ¡El Padre Jorge Bergoglio es actualmente el Papa de la Iglesia Católica! Me contó que es un hombre muy divertido y muy entregado a su vocación. Para mí, fue impresionante conocer a alguien que había compartido con el Papa Mismo. ¡Estaba anonadada! A decir verdad, también me divertí mucho con lo que el Padre me contó.

Hasta que llegó la hora que el Padre debía marcharse, se despidió y  partió, iba de descanso unos días a Chicago.

No cabe duda que nunca sabemos a quiénes vamos a conocer en nuestra vida, nunca entendí el por qué de mi actuar al acercarme a hablarle al Padre, supongo que como lo vi vestido como sacerdote, decidí que todo estaría bien. Nuevamente, no importa mucho el por qué, sino más importa el para qué de nuestras vivencias.

Hoy, cuatro meses después de aquella plática con el Padre, vuelve a ser recordada una de las frases que pronunció en nuestra conversación, y que tanto me recalcó: “Darle al César lo que es del César” y “a Dios lo que es de Dios”.

En un artículo que el Padre Gustavo Irrázabal publicó en el Instituto Acton de Argentina, el 8 de agosto de 2013, contaba su experiencia en Acton University. Pero no fue eso lo que en realidad me impresionó, claramente, el Padre Gustavo tiene más que talento y dones para compartir con el mundo y lo hace desde su lugar de trabajo. Lo que más me impresiono fue recordar aquel momento en el que le pregunté si podía desayunar con él en el aeropuerto de Grand Rapids: el Padre Gustavo fue muy humilde, reímos, y tal vez para confortarme después de las decenas de preguntas que le hice, me contó que él en su momento también había tenido las mismas dudas que yo tenía ahora. En muchas ocasiones olvido las cosas con muchas rapidez, y está, no fue la excepción por desgracia… había olvidado por completo el nombre del Padre, solo podía recordar su rostro… eso era lo único que quedaba de aquella extraña coincidencia matutina. Sin embargo, en el momento en que tuve el artículo “El Poder de la Libertad” ante mis ojos, escrito por el Padre Gustavo Irrázabal, mi subconsciente saltó de emoción… puesto que cuatro meses atrás había tenido una conversación esporádicamente divertida con una personalidad reconocida en el ámbito religioso y académico, pero que en aquel momento fue un Padre charlando con una joven llena de dudas y temores. ¡Una joven que invadió su mesa porque no quería desayunar sola!

Hoy es una experiencia que recuerdo con gran estima, porque el Padre Gustavo fue muy humilde y amable. He pensado, después de este suceso, cuando obviamente no sabía nada acerca del Padre Gustavo Irrázabal y que ahora al leer el artículo que publicó en la Revista Criterio, lo recordé nuevamente por una de las últimas frases que hizo saber que era el Padre con el que había desayunado en Grand Rapids: “[…] pasé algunos días de descanso en Chicago”.

Las  palabras que se encuentran contenidas en el artículo son profundas, más sin embargo, quiero terminar con algo que ha impactado mi vida en este momento y que supone desde todos los ángulos, la reafirmación de la misión que ha sido otorgada a cada uno. Reafirmación que desde luego se hace latente en conversaciones, en una simple mirada, en una lectura… o quizás en aquella persona que probablemente la verás una sola vez en tu vida, pero que terminará siendo tan recordada por tus años venideros:

“Tras esas exigentes jornadas de reflexión e intercambio, pasé algunos días de descanso en Chicago. Sería imposible hacer justicia en un espacio tan breve a la asombrosa arquitectura de esta ciudad, sus calles, sus parques, su intensa vida cultural. Pero no podría concluir estas líneas sin aludir a una experiencia que atesoro en mi memoria: haber viajado junto a gente rica y gente pobre en subtes, buses y trenes limpios, seguros y puntuales. Acton Institute fue la parte teórica. Ésta es la parte práctica.”

 Fragmento tomado de “El Poder de la Libertad[1]”,

Por el Padre Gustavo Irrázabal,

Publicado el 8 de agosto de 2013.

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