REMINISCENCIAS

Buganvilias en una pérgola del parque de San Miguel Chicaj, B. V.

Buganvilias en una pérgola del parque de San Miguel Chicaj, B. V.

En algún momento mi memoria fallará, mi cerebro posiblemente perderá algunas de sus funciones (tales como recordar sucesos, paisajes, y demás elementos a largo de mi corta o larga vida), y mi cuerpo no sé si sea capaz de tocar, ver, caminar, o escuchar, como tengo la dicha de hacerlo en este instante de mi vida… es por eso que he decidido retomar algunas costumbres que de niña me hicieron feliz: aquellos pétalos que se corrugaron al ser guardados dentro de las páginas de libros, la colección de rocas de formas y colores extraños, alzar la mirada al cielo y observar como danzan las nubes, y retomar la lectura de los libros que leí en mi infancia para descifrar qué fue lo que me hizo amarlos (hoy sus páginas tienen un olor embriagante a antigüedad y recuerdos).

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"Cerros" azulados que rodean el Valle de Salamá, B. V.

“Cerros” azulados que rodean el Valle de Salamá, B. V.

Estoy a punto de terminar una etapa de mi vida, una etapa que comencé hace tres años, una etapa en la que tenía tan solo una maleta llena de sueños, muchas preguntas, y mucho miedo, ¡Y claro, ahora también tengo mucho miedo! Pero probablemente, ahora soy un poco más segura de mí misma. Estoy a punto de terminar mi carrera universitaria, y siento la nostalgia por los últimos años, las muchas personas que he conocido en todo este tramo vivencial, los aprendizajes de las batallas y las alegrías, el cariño con el que recuerdo a personas que están y las que ya no… que en la trascendencia o en algún lugar del mundo se encuentran. Quizás he parado, y he decidido escribir esto, porque cuando la adultez de mi cuerpo y quizás de mis pensamientos me avancen, quisiera volver a este mi pequeño espacio y releer lo que me acontecía. Definitivamente, cuando se está a punto de terminar algo, la melancolía se  apodera de nuestra racionalidad (o al menos, eso es lo que sucede conmigo); los recuerdos, algunos más difusos que otros, me piden a gritos que no cometa el mismo error que con ellos: no documentarlos, no escribirlos, no guardarlos.

Salamá, Baja Verapaz.

Salamá, Baja Verapaz.

He sido testigo de magia, ficción, proezas, sueños rotos, sueños cumplidos, lágrimas, desesperanza, sonrisas, esperanza, errores, fracasos, ambiciones, fanatismos, admiración, perseverancia, traición, ingratitud, vicios, amores, dolores físicos y espirituales, pobreza, impotencia, muerte, vida, nobleza, enseñanzas, terquedades, y todo un cúmulo de emociones y eventos humanos… algunas veces, como espectadora omnisciente y otras, como protagonista de los mismos. Pero todo me ha hecho cuestionarme (sin una respuesta definitiva), si somos hombres y después humanos, o viceversa.

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Vista desde El Trapiche, San Jerónimo, Baja Verapaz.

Vista desde El Trapiche, San Jerónimo, Baja Verapaz.

He vuelto a apreciar aquellas montañas azuladas en las últimas tardes, y me han recordado las descripciones geográficas que leí de aquella exquisita historia de Paulo Coelho: El Peregrino; imaginando que algún día yo recorreré el Camino a Santiago de Compostela, con mis propios miedos y propias luchas. Pero más aún, recordé que todo el trayecto que viví al leer el libro a lo largo de las montañas y llanuras españolas en la peregrinación del protagonista, me hacía imaginar una y otra vez, mi amada etapa en la Historia Universal: la Edad Media; con todos esos detalles toscos pero hermosos, representantes de tradición y cultura. Donde los amores eran sublimes, reales y llenos de misticismo.

Tal como Tiziano Terzani (escritor y periodista italiano) logró llevarme a esos lugares descritos en su libro El Fin es mi Principio, en tiempo reciente… así Paulo Coelho logró transportarme y vivir a cada momento sus relatos, no solo con El Peregrino, sino también con Ser Como el Río que Fluye y A Orillas del Río Piedra me Senté y Lloré (del que por aquellos tiempos de adolescencia y tal vez intolerancia, no guardó buenos recuerdos).

Cúpula de la Iglesia de San Mateo Apóstol, Salamá, Baja Verapaz.

Cúpula de la Iglesia de San Mateo Apóstol, Salamá, Baja Verapaz.

Vuelvo mis ojos a las páginas amarillentas de los libros de Paulo Coelho, y recuerdo tanto. Así como vuelvo los ojos a mis florecillas disecadas de hace unos años, las reminiscencias de mi tierra, de los paisajes que vi, de los sonidos que escuché, y de los olores que percibí, han vuelto en mi memoria. Personalmente estoy consciente que éste era el momento para que yo recibiera todo este inmenso regalo por parte de mi memoria, pero también estoy consciente que es un grito mudo de una de otra de las enseñanzas de la vida que más valoro ahora, el Siempre y el Nunca cohabitan únicamente en la utópica perfección humana. He decidido utilizar lo menos posible las palabras siempre y nunca, dado que he descubierto que tienen significados demasiado complicados, y que muchas veces me han llevado a cometer errores o a lastimar a varias personas. Es por ello, que no tendré para siempre estos recuerdos… Ni siquiera la muerte es para siempre (lo cual es bueno).

Mis reminiscencias pronto se irán, pero esta vez me aseguraré de tener documentado con algo eso que me hace tan feliz, tan viva, tan plena.

Muchas cosas han cambiado en mí desde que tomé mi equipaje y partí lejos de la tierra donde dejé el cordón umbilical… Pero trataré por todos los medios, de no olvidar la verdadera razón por la que me fui, que más que en la búsqueda de mis sueños, me fui en búsqueda de respuestas. Por supuesto, no he estado sola… y como lo he dejado en claro, el nunca y el siempre no aplican para los humanos, pero sí para Dios, perfecto y amoroso en todo sentido… y en este caso, nunca he estado sola. Me he enojado, me he perdido, me he encaprichado, he pataleado cuando no se hace mi voluntad o no entiendo los sucesos de mi vida, pero en todo caso, he sido yo quién se ha alejado de Él, no Él de mí.

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En fin… el canto de aquella paloma, el color de aquella rosa, la brisa de la mañana de aquel domingo, aquella sonrisa de mi abuelita, el color azulado de las montañas… todo ha sido el hálito que ha rejuvenecido mi alma. Porque aunque el cuerpo humano refleje la vejez, son estas pequeñas bellezas que remozan al alma: el elixir de la juventud eterna…

Baja Verapaz, Guatemala. 20 de abril de 2014.

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