La historia del Nunca Jamás: El “mojado” en la bestia y el pez en su burbuja

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Y solo por un momento, sentí la sensación de vértigo cuando quise imaginar a la madre del muchacho[1]… Sin embargo, evitando el dolor huí de esa conexión, y me siento cobarde, pero no quiero siquiera volver a imaginar que estoy imaginando ese dolor por un hijo. Sin embargo, la impotencia duele. Duele saber que “las fronteras fueron hechas únicamente  para los pobres, porque los ricos no las necesitan”, como dijo aquel pez en su burbuja.


Imagen de la película mexicana "La Jaula de Oro" (2013)

Imagen de la película mexicana “La Jaula de Oro” (2013)


¿Qué es lo que le hace partir de Guatemala a Estados Unidos a un paisano? ¿Por qué no intentar tramitar una visa americana? ¿Por qué arriesgar a sus hijos a bajezas durante el trayecto a Estados Unidos? Definitivamente no hay respuesta general para cada pregunta, cada una conlleva una vida hasta en sentido literal, pero puedo conjeturar que hay factores humanos y sociales que le han puesto la soga al cuello a la persona que ha tomado la decisión de ir por el mal llamado sueño americano.

La búsqueda de una vida, cuando se supone  ya se posee una, pero ésta es un aborto de ella.

La enajenación del valor en términos humanos de la conciencia entre nosotros mismos ha empujado a nuestros entes materiales a caminar en línea recta en el laberinto que se ha convertido nuestra propia existencia, olvidando la inmaterialidad de la humanidad. ¡Que el pobre es pobre porque quiere! ¡Que el mojado se va porque es ambicioso! ¡Y al fin de cuentas, ¿por qué deberían importarnos los mojados si nosotros también tenemos nuestros propios problemas?! Y así nadamos como peces en nuestras burbujas, siendo ajenos al dolor humano.

En Derecho a Sobrevivir se cuestiona y puntualiza: “¿Qué acciones inmediatas se pueden tomar para erradicar este problema? ¿Es válido hablar de una solución de largo plazo cuando tanta gente muere a diario en búsqueda de una vida mejor? […]Aunque inicialmente escribí esto buscando encontrar respuestas, he terminado con todavía muchas más preguntas…”. Me detengo a pensar en alguna solución y siento un escalofrío antes de caer en el abismo de la impotencia e incertidumbre, yo tampoco tengo una respuesta. Sin embargo, una súplica resuena en mis entrañas: ¡Por favor… Hagamos algo! No tengo la menor idea qué, solo sé que algo tenemos que hacer, y probablemente sea una súplica bastante idiota porque no presento una solución, y ese algo, es tan ingenuo que también se irá al deberíamos hacer algo, y se resume en lo que se supone deberíamos hacer, pero no hacemos.

Y mientras tanto, seguimos nadando en nuestra burbuja de nada pasa en Guatemala: la emigración, la ilegalidad, la corrupción, la pobreza… es ése algo que mientras no afecte nuestra zona de confort, no nos importa. Y a la distancia,  mientras escribía y tú lees, cientos de mojados a viajan en la bestia, con el futuro tan incierto y con el derecho a vivir tan en manos de la muerte.

Por más empatía que queramos presumir, entender las razones por las que una persona emigra a Estados Unidos es algo difuso que solo el vivirlo en carne propia brinda razones “racionales” para responder a la pregunta ¿por qué viajar de mojado a Estados Unidos? Nunca me ha crujido el estómago por hambre y nunca en mi mesa no ha habido ni siquiera moscas para comer, no me ha tocado que vivir en una covacha y temer que la lluvia empape lo poco que puedo tener, no me ha tocado la muerte de un familiar por falta de dinero (y no nací en “cuna de oro”). Pero lo que sí puedo entender (perfectamente) es que nadie tiene derecho a quitarle lo valioso a su vida: su valor humano, sin embargo, tal parece que el nadie ha tomado la personalidad de pobreza, violencia, desesperanza, y demás problemas sociales, y le está arrebatando algo más que su simple corporeidad.

“Las fronteras fueron hechas únicamente para los pobres”, una verdad dura pero real (no necesariamente válida). No niego que las malas políticas, poca certeza jurídica, nulas fuentes de empleo, informalidad, poca claridad en la institucionalidad gubernamental,  y corruptos sistemas económicos-políticos impuestos, nos han llevado a bebernos nuestra propia sangre… pero hay algo que me hace temblar aún más: nuestra condición humana que se rige por incentivos (perversos) la cual nos llevan a actuar pensando únicamente en nosotros, y el sinfín de externalidades negativas ocasionadas son absorbidas por  el resto: una población que a pocas puede apañarse un par de tortillas y frijoles al día en el caso de Guatemala.  Somos nosotros, los humanos, quienes creamos las instituciones que funcionan actualmente y las continuamos aceptando con nuestro simple nadar o con el degenerado mejoramiento de nuestra zona de confort.

En los departamentos del país los cuadros de pobrezas son extremos, la desnutrición, la pobreza, la violencia, problemas familiares, la discriminación,  y  falta de educación generan desesperanza, hambre y necesidad… Estados Unidos es una luz distante, pero “mejor”, donde TRABAJARÁN para brindarle un futuro superior a sus familias,  un futuro que ellos no tuvieron en Guatemala. Con la única suposición en la mente de cualquier mojado montado en la bestia: llegar al lugar necesitado, porque volver no es una opción.

“Porque el mojado precisa comprobar con visas que no es de Neptuno.

 El mojado tiene ganas de secarse,

el mojado está mojado por las lágrimas que evoca la nostalgia,

el mojado, el indocumentado,

carga el bulto que el legal no cargaría

ni obligado.

 El suplicio de un papel lo ha convertido en fugitivo,

y no es de aquí porque su nombre no aparece en los archivos,

ni es de allá porque se fue.”

 (Fragmento de la canción El Mojado de Ricardo Arjona)

Si las cosas salen mal, el mundo ficticio finalizan con un “nunca jamás”: Nunca jamás tu familia te volverá a ver, nunca jamás podrás ayudar a tus hijos porque estás muerto (a), Nunca jamás tu vida (si quedas vivo(a)) o la de tu familia volverá a ser la misma. Y lo más temido, aquella muerte se irá al saco de lo que inevitablemente creemos que es la vida: un simple vivir-morir ante la percepción de todos.

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[1] Esta descripción nació después de conocer el caso de una madre que partió ilegalmente con sus dos hijos a Estados Unidos. Fueron “agarrados” por las autoridades migratorias en la frontera México-Estados Unidos, separados y enviados a estados diferentes. Tal vez  todos tenemos la esperanza que regresarán vivos en algún momento, porque entre lo peor, lo menos peor.  Ellos partieron para olvidar muertes sufridas en Guatemala, en búsqueda quizás, de silenciar los recuerdos. Huí de imaginar el dolor de la madre, en un país ajeno a ella, con un idioma ajeno, y lejos de uno de sus hijos. Pero más aún, no concibo la idea de imaginar violaciones sexuales a niñas y mujeres, mutilaciones de miembros por la “bestia”, y la enajenación de mi humanidad convirtiéndome en objeto. ¡Simplemente no puedo! (y quizás me dio miedo pensar que es porque no quiero).

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