Busco y no encuentro

Niño de los chupetes


Busco y no encuentro.

Las monedas de la mala venta de chupetes resuenan en mi morralito. Un morralito que mi tatita me hizo antes de haber muerto por la gripe.

Busco y no encuentro.

Me he levantado a las 4:30 de la mañana, he comido la tortilla del día de ayer con  frijoles que mi mamaíta ha calentado en el poyetón. Mis hermanitas, Lupe de 8 y María de 5 años, aún duermen en el catre. Mi hermanito menor, duerme también, pero él está tapado con el corte de mi mamaíta en la hamaca. Después de comer, debo ir a moler el maíz que mi mamá coció ayer con los chiriviscos que trajeron mis hermanas de la vega, cerca del río.

Busco y no encuentro.

Mi papá dijo que debía ser el hombrecito de la casa, cuando él no estuviera. El último día que lo escuché decírmelo con esa voz ronca que tenía, fue cuando las milpas de maíz se secaban, las mazorcas apenas lograron tener el tamaño de la mano de  Lupita, y el sol ardía como arden los labios con el chile. Al día siguiente me levanté y mi mamá solo lloraba con la vista perdida en el callejón de nuestra aldea, me dijo que mi papá se había ido al otro lado. Ese día, señalo el azadón que siempre usaba mi papaíto, estaba en el umbral de la puerta de nuestra casa… ahora es mío, porque él le había dicho que yo sería el hombrecito de la casa. El azadón lo tengo bien guardado porque lo he dejado de usar, ya no llueve y la tierra parece una costra. Ya no puedo sembrar maíz. Pero como soy el hombrecito de la casa, debo llevar dinero para que comamos, por eso ahora vendo chupetes en el parque.

Dicen que un señor que quiere ser Presidente vendrá a este parque la semana siguiente, así que seguro ese día tendré una buena venta. Hasta mis hermanitas vendrán a vender chupetes.

Busco y no encuentro.

Dicen que el otro lado está muy muy lejos, y tal vez sea cierto. Mi papaíto se fue hace cinco meses y parece que aún no ha llegado. Aún así, yo sigo pensando en irme, tal como se fue mi papaíto. Lo voy a buscar para que mi mamaíta ya no llore por las noches. A mí también me dan ganas de llorar, pero no debo porque yo soy el hombrecito de la casa, y los hombres no lloran.

Mientras…

… busco y no encuentro en mi morralito, el trompo de madera que mi papaíto me compró en la feria del año pasado ¡Espero haberlo traído! Juan, Andrés, “el Canicas”, y el Pelón, no tardan en venir.

Esta vez, yo llegué primero al parque, y quién llega primero tiene buena suerte en la competencia de trompos.

¡Lo he encontrado! ¡Mi trompo! Ya está viejo, pero en las últimas competencias ha sabido mantenerse dando volteretas más que el de los demás.

Tal vez cuando me vaya al otro lado a buscar a mi papaíto, y trabajemos los dos juntos… quizás pueda comprarle otro trompo al “Canicas”. Lo perdió cuando le robaron su morralito en el mercado… Las competencias ya no son lo mismo sin él.

El trompo del “Canicas” y  el mío eran los últimos en parar de bailar, la gente que se quedaba viéndolos, y casi siempre nos compraba chupetes. ¡Una buena venta!

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s