Lluvia de ideas y emociones en 54 horas

MIXLa niebla empezaba a caer, eran cerca de las 6:15 pm, y me disponía a encontrar el lugar que la dirección me decía. Después de caminar tres o cuatro cuadras encontré  un par de puertas abiertas con un banner que me indicaba que había llegado al lugar.

Entré y comenzó la aventura. En el lugar ya había algunos chicos y chicas a quienes les brillaban los ojos de alegría, la música sonaba, y había un grupo de nacionales y extranjeros recibiéndonos en la entrada. Anotaron mi nombre en un papel adhesivo y pegaron un círculo amarillo que me identificaba en el área de Negocios. Lo pegué cerca del corazón. Deje mi mochila de viajero en el lugar que me indicaron y me dispuse a conocer a algunas personas.

El lugar simplemente era hermoso, el olor del viento allí dentro era otro, era fresco… nuevo… hasta podía decir que era como si tuviese una brisilla tan diminuta que podía entrar en cada poro de nuestra piel y llenarnos de energía. No voy a negar que todo aquello también me causaba miedo e incertidumbre, pero también estaba emocionada: ¡me sentía tan libre, tan yo! Conocí a varias personas, nacionales y extranjeros, todos éramos jóvenes. Historias inspiradoras y personas tan auténticas viajando por la vida y por mundo con un solo sueño… hacer realidad todos sus proyectos.

Pasadas las 6:30 pm, Diego Ríos (co-fundador de Chamba) nos dio la bienvenida y nos compartió la dinámica del fin de semana. Nos presentó a los organizadores del Startup Weekend Antigua, a los integrantes del consejo directivo de Impact Hub Antigua, y a los mentores que nos acompañarían durante todo el desarrollo de nuestras ideas de negocio.  Todo pintaba ser una brillante experiencia, por lo que mi subconsciente me decía, tal como lo hace cuando mis miedos estuvieron punto de evitar que hiciera tal cosa, que fuera a tal lugar o que dijera tal cosa, y al final termine haciéndolo, yendo, o diciéndolo: “¡Imagínate que al final no hubieras venido!”. Le di una breve respuesta, que convenció a mi racionalidad y a mi locura: ¡Lo necesitaba, aún a pesar de mi misma!

En el Startup Weekend había personas de Sololá, Xela, Ciudad de Guatemala, Tennessee, Argentina,  Salamá, Chimaltenango, Bélgica, Antigua Guatemala, y verdaderos trotamundos.

Como primera actividad dijimos adjetivos, nombres de cosas, y animales, y cuando ya los teníamos, nos enumeramos y juntamos todos los #1, todos los #2, todos los #3, y todos los #4. Un o una representante de cada grupo debía elegir un adjetivo, el nombre de una cosa, y el nombre de un animal. Los nuestros fueron bonito, cerveza, y erizo. Las ideas de negocio empezaron a fluir con las tres palabras que habíamos elegido, la nuestra fue “Pretty Spike”, una cerveza saborizada, con el dibujo de un erizo playero como logo, y el slogan ¡Erízate! Las presentaciones fueron transcurriendo, y hasta que fue el momento de la cena.

Un tejano con saco y corbata y una gorra de hip hop, con las cajas de sándwiches de Pappy’s BBQ, un sponsor, un emprendedor, un amigo y sobre todo, un ser humano auténtico. Cenamos en medio de charlas esporádicas con los emprendedores que habían asistido. Todos llevaban una idea, o un proyecto a corto o largo plazo, y lo que más me impacto fue que la mayoría deseaban ayudar a los niños o productores de hortalizas de Guatemala. Ejemplo de ello era MK de Tennessee que esta era su 12ava. ocasión que se encontraba haciendo voluntariado con niño de Camino Seguro; o como una de nuestras mentoras, que trabaja bajo el modelo de comercio seguro y solidario con pequeños productores de arveja china y ejote para una empresa belga, denominada Durabilis.

Después de la cena, los que quisiéramos presentar una idea de negocio podíamos hacerlo en 60 segundos. Fluyeron alrededor de 16 ideas, hubo de todo: soluciones tecnológicas, agrícolas, financieras, y de salud. Luego se eligió a las 4 ideas que tuvieran más votos. Nos debíamos integrar en grupos mayores a 4 personas para trabajar la idea que nos pareciera más interesante. Los 22 participantes estuvimos distribuidos en 4 grupos.

La meta era que al final de las 54 horas que correspondían desde el viernes hasta el domingo por la tarde, las ideas fueron viables, sostenibles, con una estructura de ejecución eficiente y con enfoque social, para ser presentadas en 5 minutos y responder preguntas de los jueces en otros 5 minutos. Más que la competencia, lo interesante fue el aprendizaje y la socialización de y con personas que no conocíamos, con estudios, sueños y aspiraciones distintas a las de cada uno, pero enfocados en el emprendimiento social.

En mi grupo tuvimos aprendizajes de procesos industriales, turismo y hotelería, economía y finanzas, de fútbol, y al final de todo, de un importante concepto que se está desarrollando en Guatemala y en muchos países del mundo que se dedican a la agricultura, el comercio justo y solidario. Nuestra idea era entregar frutas y verduras a domicilio por medio de pedidos online, nuestro enfoque social era el alcance que iban a tener las frutas y verduras de los pequeños productores agrícolas del país que cumplían los estándares del comercio justo y solidario.

Llevar la idea de “un supermercado online” a la práctica fue toda una aventura. Durante las presentaciones a los mentores, el coaching, las comidas, las horas de desvelo y las horas de las fotografías, nuestras áreas de trabajo se fueron llenando de post-its, papel manila pegado por doquier, dibujos y letras, y el historial de nuestras computadoras se llenaban de investigaciones de precios, productos agrícolas, cooperativas agrícolas del altiplano, páginas de diseño de web, entre otros detalles. En todo el fin de semana, dormimos alrededor de 10 horas, trabajamos alrededor de 30 horas, 15 o 20 minutos para cada comida, presentaciones, encuestas, entrevistas, y demostraciones de prototipos. ¡Teníamos todas las neuronas transmitiendo señales eléctricas de alto voltaje!

Si alguien me preguntará por algún lugar donde observar todas las emociones del ser humano, le diría que fuera a un Startup Weekend. Los seres humanos somos tan multifacéticos y multiemocionales, en 54 horas pasó de todo en los 4 grupos: nos reímos, nos entristecimos, nos retamos, no enojamos, nos emocionamos, nos entusiasmamos, votamos ideas de otros, apoyamos ideas de otros… realmente una lluvia de ideas y de emociones con personas que estábamos conociendo en ese mismo momento. No había tiempo de predecir la conducta de tu compañero o compañera, ¡simplemente porque era la primera vez que trabajabas con él o con ella! En medio de pizza, cervezas, gaseosas, golosinas, chicles, helados y dosis altas de perseverancia, las 54 horas terminaron con muchas amistades nuevas, con nuevas ideas y con nuevas oportunidades de negocios, de contacto y de inspiración.

El Startup Weekend en Antigua ha sido el primer evento de este tipo al que he asistido y que me ha hecho darle vuelta a muchas ideas de negocio que tengo, e Impact Hub Antigua un lugar que me ha  traído inspiración y paz.

Lo admirable de cada persona que conocí es que cada una tiene una historia, un sueño y un camino. Podría atreverme a decir que poca gente tiene tan claro lo que quiere, como un emprendedor. Y más aún, poca gente tiene tan claro el lugar donde está parado o donde tiene la oportunidad de vivir, como un emprendedor social.

En fin, ¡una lluvia de ideas y de emociones que buscan proyectar el cambio en Guatemala!

#Optimistas

* Imagen de Startup Weekend Antigua 2015

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