SERENDIPIA DE LOS LIBROS

Camine por la calle, serpenteando automóviles y muchedumbres, y en mi mente, una lucha interna entre buscar o no la dirección que tenía en mi libreta de siempre. Únicamente tenía una tesis ya probada por muchos de los eventos e hipótesis que he tenido a lo largo de mi vida: si no lo hago ahora, no lo haré nunca.

En el trayecto, me encontré con muchas familias haciendo alfombras, y entonces el olor a corozo se esparcía por el aire. Algo que relajo mis pensamientos de duda. Por fin encontré la 5ta. calle, y seguí sobre ella. Luego, dos puertas abiertas de par en par, divisé a varias mujeres y algunos hombres, con las mesas haciendo valla a los visitantes (como yo). No puedo negar que me sentí como una intrusa por algunos momentos, pero aún así decidí que iba a observar todo a mí alrededor, y que iba a llenar de una u otra manera, mis sentidos.

Crucé la calle y entré, los rostros totalmente nuevos, los vestuarios y peinados, diferentes. Supe que estaba en un lugar con personas auténticas, con hobbies auténticos, y quizás, tan parecidos a los míos. Fui recibida amablemente.

En las mesitas, cada emprendedora promovía su artículo: collares y pulseras de papel periódico, y cuencas de plástico y madera, bufandas de crochet, cajitas de madera, trozos caseros de chocolate, velas aromáticas artesanales, y botellas de vidrio decoradas a mano. Me quede observando acompañada por el exquisito olor a café que se mezclaba con el olor a palo santo que una mexicana quemaba para “atraer las buenas vibras” a todos los miembros y visitantes de La Casa de Cervantes.

Luego caminé por el pasillo hasta que llegué a la puerta de una biblioteca. Con desconcierto, la que hacía el papel de bibliotecaria y yo, nos vimos. Únicamente, la salude y entré. Estaba extasiada. Veía los libros y solo quería dirigirme hacia las estanterías llenas de ellos. Había paz dentro de la pequeña biblioteca, había magia, había vida. ¿Cómo es que en un lugar tan pacífico, parecía que había un dulce ruido, una preciosa sincronía de historias? ¿Cómo es posible que en un lugar pudiera ser descrito de tantas maneras y a la vez tan inefable?

No sé cuánto tiempo estuve allí, quizás 30 minutos, quizás dos horas, el tiempo no existía. Leí no sé cuántas sinopsis en los libros, todos maravillosos, pero no sentía el llamado. He creído que el libro te elige, o más bien, tanto el lector como el libro se eligen en algo que llamo la serendipia del libro. Pensé que después de tantos meses de sequedad espiritual (y no hablo religiosamente), quizás debía tomar el libro que tuviese la historia más interesante, así que emprendí la búsqueda nuevamente: leer y releer las contraportadas de los libros.

El aroma a café continuaba inundando el pequeño cuarto.

Por fin me decidí por uno que llamó mi atención quizás porque era una buena forma de entender el mundo musulmán. Había encontrado un libro interesante, estaba sellado, y era momento de irme. Hasta cierto punto ya había desesperado a la bibliotecaria, y la entiendo, daba vueltas y vueltas en su biblioteca, así que decidí decirle que era la primera vez que estaba allí y que estaba encantada con el lugar (lo cual no era mentira). La bibliotecaria sonrío, solo por compromiso quizás.

Eché un último vistazo a la mesa que estaba por llegar al mostrador y algo sucedió. Algo que no había visto antes, entre la pila ordenada de libros habían unas letras doradas que brillaban en el tejuelo de un libro, lo saqué,  y en la portada las mismas letras doradas del tejuelo:

ALEJO CARPENTIER

EL SIGLO DE LAS LUCES

Lo abrí… una verdadera experiencia. Sus hojas tenían un color amarillento brillante y a medida que pasaba con rapidez las hojas, un exquisito olor. El olor que guardan los libros al permanecer encerrados en una estantería, después de que alguien los ha leído ya. En ese momento supe que era el libro indicado. Quizás el libro me encontró a mí después de las furtivas paradas que tuve en esa misma mesa, y no lo divisé.

El Siglo de las Luces es un libro del escritor cubano Alejo Carpentier  publicado en el año 1962.La historia escrita que envuelve la maravillosa pasta desgastada por los años y por las manos que lo han poseído, es una. La historia de cada par de ojos  que araron las líneas representa otra historia, que se cuaja con la escrita en cada página,  las esquinas que han sido dobladas por el pasar de los codos emocionados de los lectores desconocidos, y el olor, guardan suspiros, lágrimas, y sonrisillas escurridizas. Una historia escrita se mezcla con la vida real del lector, porque pienso que esa es la manera perfecta que un libro vuelve a nacer.

A veces creo que  el libro se dejó encontrar porque es un ser libre. Ahora viaja conmigo, enmarcando historias de ambos. El transcurrir de la existencia decidirá el tiempo en el que El Siglo de las Luces deba emprender un viaje nuevamente. Y cuando ese momento llegué, lo sabré sin necesidad de preguntar.

Mientras tanto, continúo leyendo sus páginas. Aguardando sigilosamente el momento en el que deba emigrar de la estación que ya sea pesada para sus bordes doblados y sus páginas amarillentas… Porque los libros son como las aves que emigran de un lugar a otro… siempre en búsqueda de vida.

Para subir

* * *

P.D.: El olor a café provenía de la habitación continua a la biblioteca, provenía de Café Alhajadito. En dicho lugar promueven el comercio justo y solidario, un concepto que comprendí este fin de semana al asistir al Startup Weekend de Antigua. Cuando trabajamos en la idea de negocios, una de las mentoras mencionó La Casa de Cervantes como una de las pocas organizaciones que apoyan dicho concepto en Guatemala.

A veces solo es cuestión de querer ver la magia de la vida… Una semana antes había estado en La Casa de Cervantes viviendo una magnífica experiencia, y este fin de semana, había estado en un evento de startups hablando de ella.

* Imagen propia

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