La Calle 26

– ¿Aprecian el arte urbano y los graffitis acá en Bogotá? ¿Verdad? – pregunté a nuestras anfitrionas.

– Si. En los barrios más violentos, es una forma de expresión… Es una manera de recordar algunos hechos que han cobrado la vida de muchos colombianos. Pero también es una manera de que la esperanza renazca. – Respondió una de ellas.

– ¿Ustedes en Guatemala no tienen graffitis en sus paredes? – preguntó la mayor de las tres.

– Si, pero no es un arte  tan prominente ni tan apreciado como vemos que es acá. En Guatemala, los graffitis generalmente están asociados a las pandillas. Aunque no dudo que existan grupos juveniles prograffitis que externalizan sus demandas sociales por medio de este tipo de arte. – Respondimos en coro las dos guatemaltecas.

– Bueno, acá en Colombia, también existe cierto rechazo a los graffitis… Pero todos hemos aprendido a valorar este tipo de arte. Hemos entendido que su surgimiento fue una llamada a la esperanza en la época más oscura de Colombia: el narcoterrorismo y la guerrilla. – añadió una de nuestras anfitrionas.

Continuamos el camino sin más reparo en el tema, pero esto no pudo evitar que observara con cierto abolengo los graffitis tan bien elaborados de las calles de  Bogotá. Unos muy esperanzadores, otros muy surrealistas, y la mayoría de ellos de denuncia social.

***

Con la situación actual del mundo parece que la juventud está en búsqueda de un aliento, de una esperanza… de una manera de vivir el sobrevivir.

Decidí escribir este post porque hace unos días vi un vídeo en Ted Talks que me recordó muchísimo lo que vi en Bogotá. El vídeo se titula Arte Callejero con un mensaje de esperanza y paz de eL Seed, un muchacho calligraffiti artist nacido en París de padres tunecinos que demuestra su amor por el mundo mediante el arte del graffiti escrito en árabe, en un momento en que miles de personas tienen rencillas contra el Corán y contra dicho mundo árabe.

Siempre me aseguro de escribir mensajes relevantes para el lugar donde estoy pintando, pero mensajes que tengan una dimensión universal, para que así cualquiera en el mundo pueda conectar con él.” dice eL Seed.

Durante nuestra estadía en Bogotá, olvidamos el tema de los graffitis, hasta que llegó el día que debíamos volver a Guatemala. Eran alrededor de las 11:00 am, y la calle del hotel al aeropuerto suponía atravesar el corazón de lo que después me enteré es la calle 26 y la cuna de un proyecto de  Vértigo Graffiti, que inició formalmente en 2009, cuyo objetivo fue humanizar el arte urbano.

Hubo una imagen que me llamó la atención cuando pasamos por la calle 26, quizás por su tamaño y por su icónica complicidad. Y esto fue lo que encontré en Internet sobre ella:

IMAGEN 1

Ellos son Hernan y Diana, dos mendigos que fueron captados por el fotógrafo peruano Héctor Favio Zamora dándose un eterno beso. Tiempo después, en uno de los edificios de la calle 26, JADE, Vertigo Graffiti y MDCREW les rindieron honor a los enamorados bogotanos de esta manera:

IMAGEN 4

“Quien lee un graffiti se pone al tanto de la existencia tangible de alguien más que quiso decir algo. Eso es conocer al otro: oírlo, leerlo y verlo materializado en cualquier pared edificada a lo largo del territorio de la urbe.” – María Peñaloza

El filósofo colombiano Armando Silva dijo acerca de los graffitis: “La inscripción graffiti responde a un deseo de expresar o decir por parte del sujeto de enunciación”.

“El graffiti es una manifestación cultural latente en la ciudad que sirve para que la gente desfogue sus emociones y diga lo que piensa. Es un modo en que la persona se desahoga y le grita a la sociedad aquello que siente hacia la política, la religión, el deporte, el amor, el arte, el humor y demás aspectos inherentes a la vida misma. Es querer decirle algo a alguien cuando ya no se soportan más las ganas de explotar ideas en prosa.” (Peñaloza, María; Universidad Sergio Arboleda de Colombia).

Circulando por las calles de Bogotá descubrí que así como el amor, el arte tampoco distingue de medios para llegar a la vida de las personas. El graffiti que en muchas ocasiones nos parece vandalismo, lo cierto es que es parte de la necesidad del ser humano de expresarse ante la situación de la vida. Para el graffitero es también una manera de encontrar un espacio para que más personas lo reconozcan o lo noten, distintos a aquellos medios sociales o comunicativos de los que ha sido excluido o tiene la más mínima oportunidad de ingresar… Esto,  mientras el aerosol dure en el tiempo y en la pared que le ha servido de hoja de papel inflexible…

Mientras haya ojos y paredes, el arte de los graffiteros se hará inmortal… aún después de los escombros…

eL Seed - Temoula, Túnez

eL Seed – Temoula, Túnez

* Imágenes cortesía de Street Art News

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