Punto de Inflexión

En los últimos meses, el silencio interno ha sido grande, y el ruido del mundo ensordecedor. Por momentos me he ido, por momentos solo he existido… solo he puesto mis pies en el piso helado de mi habitación todas las mañanas, y he dejado pasar los momentos más bellos de la vida…

Me he perdido por momentos… Y tal vez ha llegado el tiempo de regresar hasta que las energías aguanten. Regresar a estas páginas virtuales y escribir un poco… escribir hasta que sienta que el punto de inflexión vivencial ha terminado. He aquí mis reflexiones al respecto.

El simple hecho de permitirte cambiar

Llevaba varios meses en una búsqueda entre comillas de un nuevo lugar para vivir. En el que vivía ya había llegado a ser una carga que estaba permitiéndome llevar sobre mis hombros, una especie de límite. Desgraciadamente no había tenido suerte en mi búsqueda, pero en realidad creo que aún no era el momento. Un día, paré y comencé una búsqueda más seria. Una amiga me comentó de un lugar en donde ella había vivido  e inmediatamente guardé mis cosas personales y migré a un nuevo hogar.

Vuelvo mis ojos hacia atrás y veo que mi antigua vivienda fue bondadosa y cómoda para la etapa en la que me encontraba, pero sé que he crecido para bien y para mal, por lo que ese mismo crecimiento personal en la mayoría de ocasiones nos lleva a que nuestro entorno deba sufrir también la cierta o poca madurez del crecimiento.

Cuando me fui de mi antigua casa, sentí una paz interna de lo que considero vino de saber que ese era el momento justo para el cambio… me fui sin culpas… me vine sin miedos… Una hoja escrita que había llegado a su final y que debía dar la vuelta para escribir una nueva.

Percibo este nuevo “hogar” como el sitio para nuevas vivencias, un espacio más independiente, donde yo soy más dueña de mi día a día. Y donde  también he usado más Youtube para eficientizar mis patéticas habilidades en la cocina.

Pequeños cambios hacen grandes diferencias, trilla una frase por allí. Es muy probable que sea cierto. Es el simple hecho de permitirte cambiar, que creo todos lo merecemos.  Con miedos, pero con valentía a la vez.

¡Todo a su debido TIEMPO!

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Metas escritas el 01.01.2015

Desde hace años había querido saber qué debía hacer para unirme a un Club de Leones o un Club Rotario.  Mi “manía” por pertenecer a un club de leones o ser miembro rotaria vino porque cuando aún vivía en Salamá, vi proyectos hechos con fondos de alguno de los dos clubes que realmente impactaban vidas que lo necesitaban. Pero después de un tiempo,  ya había tachado ese objetivo como que nunca se cumpliría.

Pero tal vez solo debía esperar  para alcanzar cierta madurez y estar preparada según la vida, para que esta oportunidad (maravillosa) viniera de la mano de una polifacética persona (y lo digo en el buen sentido de la descripción) de la que jamás lo hubiera imaginado. Y digo que nunca lo hubiera imaginado, porque perdí comunicación con ella por algún largo tiempo.

A raíz de haber retomado esa antigua amistad que fue perseverante con mi tiempo, he asistido a mis primeras sesiones de un Club Rotaract y guardo la esperanza de poder establecer mi compromiso con el club de una forma más profunda en un futuro cercano. Estoy realmente feliz porque no fue en el tiempo que yo hubiese querido, sino fue en el tiempo que la vida así lo quiso, y eso  para mi percepción personal le da un grado de perfección.

Para mí, que soy una persona realmente impaciente, el entender “Todo a su debido tiempo” tiene un significado profundamente espiritual. Es saber que las promesas que vienen del Cielo no son olvidadas jamás sino se cumplen cuando debe ser. Ni antes. Ni después. Y casi nunca vienen solas. Pienso que son como esas cajitas de regalo, donde no sabemos qué viene dentro pero siempre te traen alegrías.

Inconmensurables  pláticas en Watson Books & Coffee

El ser humano es como una velita a la cual le da vida la llama misma. Para mí, esa llamita es la vocación que cada persona tiene en la vida.

Si apagas la llama, la velita será un objeto inerte. Si la llama está encendida, la vela se consumirá, pero habrá cumplido su función en el ciclo de la vida. Si pienso en cuál creo que es mi vocación y luego pienso en hacer otra cosa distinta a esa vocación, los anhelos, la alegría y también las batallas, no valen la pena. Sin embargo, en los últimas semanas me di cuenta que aunque tengas la energía para cumplir tu vocación, casi siempre necesitas otro tipo de fuerza para alimentarla. Tus amistades, tu familia, tus pasatiempos más queridos, las pequeñas diversiones… celebrar tu propio espacio y tu independencia. Es tan increíble lo polifacético que puede ser el humano y su energía debe venir de distintos polos para mantener un cierto equilibrio.

Han pasado más de 4 meses desde la última entrada a mi blog, ahora he vuelto como cuando una vuelve a recoger un libro que ha dejado a medio andar.

Este lapso de tiempo me ha servido mucho para cambiar perspectiva, analizar y tomar nuevos rumbos, tener pláticas tendidas con personas que hace meses no veía, a quienes no voy a ver por algún tiempo y a quienes jamás voy a volver a ver, la introspección a mis límites, y enfrentarme a mis miedos. El descubrimiento a un concepto que no entiendo muy bien: Liderazgo. Tanto por aprender y compartir, y el retomar la lectura que había dejado por varios meses en mi mesa de noche. Pero considero que una de las decisiones más importantes que he tomado en este punto de inflexión ha sido tratar de equilibrar lo que llamo mi vocación, con el bondadoso afecto de las personas que me han hecho una mejor persona. Hablo de familia, amistades y mentores.

Tan inconmensurables han sido las pláticas como la compañía de un maravilloso libro: Enough. Why the World’s Poorest Starve in an Age of Plenty de Roger Thurow y Scott Kilman, en medio de café al ambiente combinado que tanto me encanta: bohemio con tinte vintage.

Esta lectura junto con las conversaciones me han permitido escuchar y disfrutar el reto a mi concepto de que  “el ser humano es malo por defecto” y más aún, me ha dado esperanza encontrar personas e iniciativas que me demuestran totalmente lo contrario.

Por lo pronto, continuaré watsoniando en el café con la serena compañía de este libro, y disfrutando de las eventuales conversaciones de las personas que me retan cada vez que me dicen:  Yo no creo que seamos malos por defecto. Renuevan mi espíritu y por eso las necesito con más frecuencia.

Espero volver pronto. Espero más rápido de lo que imagino, con un nuevo proyecto al cual le prometí ver la luz hace algunos meses, y se lo debo.

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* Imagenes propias

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